Lunes 09/07/2018

DOS SIGLOS IGUAL

El 9 de julio o la fundación de una grieta que está en nuestro ADN

Lo que es festejado como la liberación de nuestro país, fue en realidad el triunfo de un grupo de idealistas que dieron un paso fundamental para el país, pero no pudieron cerrar una división que venía, siguió y perdura hasta la actualidad. Hoy, al menos, tiene nombre: la grieta.

 

Entre los que esperaban una monarquía (española o indígena, acá tampoco se ponían de acuerdo) y los que querían romper las cadenas completamente. 

 

Estaban los que buscaban la liberación y una mayor autonomía (Cualquier coincidencia con la actualidad es pura coincidencia).

 

Lo dicen los historiadores: "la operación básica de todo relato mítico sobre el 9 de Julio, es presentar los intereses particulares (en este caso de la facción criolla pro inglesa, luego retomada justamente por los ganaderos rosistas y los liberales exportadores mitristas), como intereses generales, por encima de los conflictos existentes y las fuerzas de clase".

 

Los enfrentamientos del siglo XIX trazan un puente hacia el presente y nos ubican en disputas inagotables y certeramente hirientes que transitamos hoy. Había ciudadanos de primera y de segunda, los cuales siguen existiendo en lo económico y en lo social. La justicia no era igual para un grupo que para el otro: lamentablemente, ahora tampoco. 

 

No había división de poderes, de hecho, Juan Manuel de Rozas aglutinó todos los poderes durante 32 años, cual ministro plenipotenciario. Hoy no llegamos a tal extremo, pero presenciamos un recital de Decretos de Necesidad y Urgencias que no difiere mucho con los mal llamados superpoderes de Rosas (facultades extraordinarias para la restauración de leyes e instituciones).

 

La Confederación fue proscripta durante 40 años. El negocio era gobernar para los dueños del poder económico y se llegó a la composición de la República por imposición de un militar y no por convencimiento, por unión. Cómo hoy, en donde nos dividimos entre el color del pañuelo, el género. Haciendo una guerra de hermanos como las que libramos con Brasil o el Uruguay. 

 

Pensar distinto es el mejor crecimiento que pueden tener los pueblos. El disenso debe enriquecer el consenso. Vayamos por ese lado. Festejemos la libertad de pensamiento y hagamos que ello nos sirva para unirnos.

 

Veamos y entendamos, en estos tiempos futboleros, que el de enfrente es un contrincante pero jamás un rival.

 


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