Bruno Palchetti


SU SANGRE DIGNIFICA

 

10/09/16

 

        Existen días y días, los hay livianos, aburridos, alegres y tristes, cortos y largos. Pero aquí y ahora me ocupan los malditos. Esos malditos días que nos guardan una trampa. Una trampa a nuestra memoria, al arduo laburo de mirarse y encontrarse, a la valiente hazaña de parirse. Esos donde quien enjuicia es ese maldito árbitro a destiempo, con la tarjeta roja siempre dispuesta. 

Hablo de esos días en que nos desencontramos, fatigados, donde todo nos supera, donde todo se opaca tras un manto de nubes espesas. Esos días donde no nos reconocemos, donde el hastío gobierna y nos engulle la ansiedad. Esa ansiedad que nada espera y todo lo quiere en la inmediatez, desestimando el valor del andar, paso tras paso, peldaño tras peldaño. Es en esos días que necesitamos recordar y desbaratar las malas y engañosas artimañas de nuestra cabeza. 

Hagamos memoria y desenmascaremos al saboteador, es propio y siempre nuestro el tramposo. Recordemos el largo trecho que aun descalzos hemos caminado ¡A fuerza de sudor y sangre lo hemos caminado! 

        Aún queda por sudar y queda por sangrar, pero que no sea en vano todo lo dejado. No nos permitamos ceder al desencanto de semejante tramposo, que ese maldito día en el que gobierne no nos quite nuestra entereza. Recordemos quien fuimos, las piedras y el camino, recordemos quien somos hoy y dónde estamos, siempre convencidos de las maravillas del caminar.

        Sepamos de antemano que esos malditos días suelen regresar. El tramposo verdugo que nos habita siempre encuentra lugar para hacernos cavilar, y en ese cavilar se permite su cizaña. 

Tengamos presente este testimonio para recordar. Cuando caiga su pesadez sobre nuestras espaldas, cuando por detrás el cobarde se aproxime a consumar su traición, entonces recordemos y volteemos a degollarlo con el filo de nuestra memoria, una daga forjada en sueños y verdad. Que el sol se abra paso entre aquellas nubes, que quien sangre sea el verdugo porque nuestra sangre la reservamos para caminar.

        Defendamos con espinas la vida que queremos y que a semejante granuja no vamos a entregar. Convirtámonos en el mejor verdugo de nuestro propio y siempre verdugo detractor.


Escribir comentario

Comentarios: 0

Ni Una Menos

Un Colectivo al Presente

 

05/07/16

 

                      El pasado 3 de junio, a pesar del mal tiempo, el frío y la lluvia constantes, Mendoza asistía a una cita impostergable con la realidad. También lo hacía yo, pese a las inclemencias del tiempo, tomé el colectivo y allá fui junto a un gran número de personas que se congregaron en el KM 0 de la ciudad de Mendoza para marchar en contra de la violencia de género y en favor de los derechos  legítimos e injustamente postergados de la mujer, de ahí el carácter impostergable de este encuentro.  

                      Si bien la cita estaba pactada a las 17 horas, desde antes ya se podía observar el acercamiento por parte de la gente. La presencia de las distintas agrupaciones civiles, gremiales y políticas, de algunos medios locales, de una tal Marta y un tal Fulano ponían de alguna manera en evidencia que este movimiento trasciende cualquier color político, que es una lucha de todas y todos en favor de la vida y lo justo, con un enemigo común: un sistema miserable y austero en materia de género, el mismo tan tristemente arraigado y patriarcal. 

                      Fue cerca de las 18 hs que entre banderas y pancartas, bombos y cantos, mates y compañerismo se dio inicio a la marcha. Desde Peatonal y San Martin comenzó a caminar “NI UNA MENOS”. Encabezaban la marcha familiares de algunas de las tantas víctimas fatales, quienes entre lágrimas y emociones sostenían su voz y reclamo.

                      Luego de un rodeo por las calles céntricas , el recorrido finalizó en Peatonal y Patricias Mendocinas, a las puertas de una vallada legislatura, donde algunos participantes de las distintas agrupaciones pusieron de manifiesto sus voces y denunciaron, entre otras cosas, la subejecución  y la falta de reglamentación de la “Ley  de Protección Integral de la Mujer” Nº 26.485 sancionada en el 2009  y desde entonces un paupérrimo presupuesto destinado a la lucha contra la violencia machista, el cierre y la escasez de programas de prevención y la negligencia e ineficacia por parte del Estado para dar respuesta a casos concretos  de violencia.  Además, se hizo presente el repudio para algunas de las medidas de ajuste  adoptadas por el gobierno de turno, como los tarifazos, el bochornoso aumento por decreto y la aplicación del  ítem aula al sector educativo, la consecuente precarización y maltrato del trabajo docente, que si bien afecta a todos los educadores y el ámbito educacional, una gran mayoría son mujeres.

                      Es necesario reparar en que una parte de la sociedad en la que vivimos no es ajena a lo que sucede,  y estas movilizaciones son un factor importantísimo, ya que alimentan esa conciencia colectiva. Esta marcha, al igual que su par en el año 2015,  no tiene como destinatario un sector social en particular, sino que los concierne a todos. Son síntomas de una dolencia colectiva pero también un síntoma de mejora, de despertar, porque son reclamo, son información, son conciencia, generan debate y se instalan en la agenda política. La clase política dirigente no es ajena a la realidad,  pero evidentemente no alcanza. A la falta de presupuesto, se suman la falta de compromiso, conciencia y concientización, un verdadero involucramiento por parte del Estado, que acune una real y concreta perspectiva de género.  A estas carencias,  como si fuera poco, hay que agregar que otra parte de la sociedad permanece indiferente a esta lucha. Si bien hay que entender que el maltrato y la subvaloración hacia la mujer están tan arraigados que no solo se manifiesta en un golpe sino también en cuestiones  más encubiertas y menos perceptibles, el grueso de la realidad es evidente, y el no involucramiento  y la indiferencia ante esto se torna en una forma de complicidad pasiva, que trabaja silenciosa, sin voz ni voto, que nada ve, que todo calla, que no le importa. Al menos hasta que la realidad golpea a su puerta, o a sus hijas, a su amiga, a su madre, etc.     

                      La falla en el rol protagónico que debería ejercer el Estado, en conjunto con la subvaloración invisibilizada hacia la mujer por una construcción  histórico-social que lo permite, más la complicidad pasiva de una parte de la sociedad, acaban tomando partido por la injusticia, porque contribuyen a la falta de información y conciencia, a idiotizar las mentes, a naturalizar lo inaturalizable y, básicamente, a sostener una maquinaria nefasta de violencia. Con todo esto el panorama es difícil, el enemigo común se fortalece y en consecuencia se obstaculiza la lucha de quienes en verdad toman partido. Partido por una sociedad venidera más igualitaria, más justa y digna, partido por la vida.

                      Las cifras - que si bien no son oficiales porque paradójicamente no existe un registro oficial en la actualidad - hablan por sí mismas y  son alarmantes. Según los datos publicados, por la Asociación  “La Casa del Encuentro”, en el año 2015 se registraron 286 feminicidios de mujeres y niñas; y en el período 2008 – 2015 se contabilizan 2094 feminicidios. Un numerito ¿no? Ni hablar de la cantidad de denuncias por maltrato que se hacen diariamente y no toman curso,  que son desestimadas por un sistema que no oye ni hace; y que son, probablemente, un asesinato en potencia

                      En lo que va del 2016  ya son varios los casos ocurridos. Asesinatos, violaciones y la severa realidad nuevamente: los feminicidios siguen ocurriendo, no son inventos ni un fetiche de la prensa, como tampoco es un pormenor el maltrato hacia la mujer en todas sus formas y dimensiones.

                      El pasado 3 de junio, estas movilizaciones se dieron en distintos puntos del país, a lo ancho de todo el territorio argentino, cada una a kilómetros de distancia de la otra, pero todas bajo un mismo grito: “Ni una menos”

                      Como saldo positivo, el 9 de junio se aprobó en el senado el proyecto de ley que declara “la emergencia pública por violencia de género” en todo el territorio nacional. Lograda la media sanción por unanimidad, el panorama es alentador y deberá ser tratado en la cámara baja. Este  proyecto de ley tiene como fin último frenar y revertir el número de víctimas producto de la violencia de género.

                      Entonces, ¿por qué esta marcha? Por todo esto, porque esta lucha es un claro síntoma de un despertar, de que cientos de mujeres ya no se resignan ni callan sino que están decididas y acertadamente convencidas  que la historia puede y va a cambiar. 

Celebro el ruido, bendito ruido de estas mujeres al marchar, por sus banderas y sus cantos, por su caminar constante y su reclamo digno,  porque entiendo que en  ello les va la vida. Alguna vez, una mujer a la cual admiro me dijo algo genial y por aquel entonces nuevo para mí: “la lucha no siempre es terrible,  la lucha es una forma de amor”. Tan afortunado yo, hoy lo entiendo, tuve la oportunidad de marchar junto a miles de rebeldes y desobedientes mujeres,  y  también junto a  miles de bellas amantes. 

Escribir comentario

Comentarios: 0

¡Madre que la Parió!

 

05/07/16

 

                                ¡Madre que la parió! ¡Qué mujer! Sin vueltas, intensa, dulce y aun así justa en su acidez. Desobediente y revoltosa, fuerte y perspicaz, aguda... A viva voz su reclamo, en alto sus estandartes. Hablo de una pero por suerte son miles, miles que marchan y muchas miles más que hacen ruido. Miles caminan, hace ya algún tiempo, y muchas miles más son las que se suman a la lucha. 

                                Debemos más que aplausos: debemos reconocimiento y también lucha. Debemos respeto y disculpas, fraternidad, amor, orgasmos y camaradería... Tanto debemos (ellas lo saben), tan grande es la deuda y tan mezquina la paga, que ya no esperan. Caminan y se hacen escuchar, marchan codo a codo, pecho a pecho reclamando sus derechos. Porque ya no hay quien las calle, porque su canto no solo es un fervoroso grito de hastío, sino también amor, unión y justicia. Tanto debemos, que hace ya algún tiempo se cansaron de esperar... Por eso se movilizan, por eso marchan con sus cantos. Son miles, por suerte. Miles que ya no resignan, miles que despiertan a otras miles y muchas miles más que espabilan a parvas de idiotas.

                                En fin, tanto debemos que solo nos resta acompañarlas... Porque si hay algo claro, es que ellas bien saben hacia donde caminan.

Escribir comentario

Comentarios: 0