Sábado 10/09/2016

EL CABALLERO DE LA ARMADURA HERIDA Y LA BRUJA DE LOS ENGRANAJES

                  De noble temple se cubría aquel magullado caballero, arrastrando su espada por el suelo, cubierta con escamas, carne, sangre y cartílago. Quién sabrá cuantos horrores habrá tenido que desmembrar. En su otro brazo sostenía cansinamente un escudo que hacía solamente algunas horas lo sentía como una pluma y ahora era tan pesado como su cuerpo entero. Pero todo aquel calvario había valido la pena. Todas aquellas criaturas deformes que había reducido con su arma a simples pedazos de carne, todas aquellas pruebas, aquellos calabozos y pasillos interminables, todo culminaba allí: en ese castillo.

 

                  Un gran abismo lo rodeaba y un puente levadizo era la única entrada que, por alguna extraña casualidad, la palanca estaba al lado de él. Solo en ese momento, el caballero se dio cuenta de la inmensidad de aquel castillo. Era más grande de lo que jamás podría haberse imaginado y aún más aterrador que todos los horrores que había pasado para llegar hasta allí. Solo verlo le provocaba un escalofrió en el cuerpo que bajaba por la nuca y recorría todo su cuerpo. A pesar de todos los años, siglos y eones, el castillo se mantenía allí. Imponente. Inamovible.

 

                  Cuando se acercó al borde del abismo, aquella negrura le hizo pensar si su alma no lo estaba viendo de vuelta. Miró hacia adelante. El miedo lo había paralizado. Sabía que lo que había allí adentro sería el final de su viaje.

 

                  El puente bajó y lo conectó directamente con el castillo. Aquellas tablas consumidas por el tiempo apenas lograban soportar su peso. Tiró su escudo al vacío que rodeaba el castillo, luego su espada y finalmente su casco. Él iba a terminar esto como había empezado, como un hombre.

 

                  Cruzó las puertas y se adentró en aquella olvidada ruina. El miedo lo consumía, las ansias lo volvían loco, débil y vulnerable. Delante suyo yacía el ultimo desafío, el final de su agotadora vida, lo que pasara a continuación era un misterio… aun así, sabía que todo se resolvería en aquella habitación.

 

                  Cuando los ojos se le acostumbraron a la penumbra, vio algo que lo dejó temblando en el lugar: seres hechos de metal, engranajes y resortes petrificados, de rodillas, acercándose cada vez más a una mujer vestida de negro que estaba en la otra punta de la habitación, dándoles la espalda y con la cabeza gacha, concentrada en algo.

 

                  El caballero avanzó hacia ella. El pelo rojo hasta la cintura contrastaba con un extraño vestido que cubría ciertas partes de su cuerpo. Hipnotizado, decidió que necesitaba verla de frente.

 

                  Cruzó entre medio de estas estatuas metálicas que algunas aun portaban sus armaduras. Más temprano que tarde cayó en la cuentea de que habían sido personas… al parecer las leyendas de aquella bruja eran reales. Mientras más avanzaba, más numerosa era la cantidad de pobres almas que lloraban titanio, con un agujero en sus pechos, como si de una cirugía se tratase, y una cara de horror que enfriaba el corazón del mas bizarro.

 

                  Todo el ruido que se escuchaba era un tintineo metálico que venía del lugar donde se encontraba la bruja. Bruja… qué extraña palabra para describir a una diosa de inimaginable belleza. Al darse vuelta, nuestro caballero descubrió la verdad. Todo lo que sabía sobre ella era mentira. Su cara, su pelo, su cuerpo, sus ojos, sus labios, todo en perfecta armonía con el universo. Todas las alegrías del mundo se encontraban en su sonrisa, todos los misterios en su mirada, todas las cosas bellas que habitan este dichoso planeta recorrían sus piernas desnudas. Confinada en aquel castillo para siempre, hasta que alguien pudiera completar su corazón.

 

                  En sus manos sostenía dos piezas separadas que intentaba unir sin éxito, simplemente los engranajes no cuadraban con ninguno de todas las personas que vinieron y se quedaron atrapadas en su presencia. El caballero, automáticamente, supo lo que tenía que hacer. Fue un impulso animal, lo dominó y por un segundo no era él. Era simplemente una presa de la belleza que estaba contemplando.

 

                  Envuelto dentro de su armadura, entre capas y capas de metal había un raído puñado de piezas metálicas que el tiempo y la experiencia habían golpeado sin parar… se distinguía muy poco su forma. Colocó una rodilla en el suelo, subió la cabeza y se lo ofreció.

Con una gracia y sutileza sublimes se acercó, aterrada, algunos pasos. Aquella bruja vio esas piezas de metal que burdamente formaban algo y lo entendió. Todo se había acabado. Tiró al suelo una de las piezas que tenía en la mano y acerco su mitad a la del caballero. Está de más decir que se unieron perfectamente.

 

                  El caballero con su corazón raído y la bruja con el de ella maldito sellaron su unión como todas las que existen. Con un largo beso.

 

                  Este fue el final del viaje de nuestro caballero. Que ahora yace allí… con la bruja.

  #NUESTRAVOZNOSEAPAGÓ


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