Invisible


 

10/09/16

 

                  Nunca supe si algo extraño me había nacido en la cabeza, o fue el mundo de mierda el que fue arruinando uno a uno mis pensamientos felices. Tomé un taxi hasta el trabajo, otra noche más en que no pude dormir por los gritos orgásmicos de la vecina. Mientras iba dormitando, sonaba una canción de “GIT”, que me recordaba a un tierno momento de mi adolescencia, donde la generosidad llego a mí. 

                  Había todo tipo de animales en ese lugar, de pasillo gris y verde pastel, era la combinación más horrible que pudiera existir, el gris te hacia saber que no podías estar bien ocho horas en el mismo lugar, mientras que el verde funcionaba como un intento de no aceptar lo anterior, como una sonrisa falsa. Hacíamos dos turnos de cuatro horas, como para adaptarnos desde adolescentes al resto de nuestras vidas como esclavos, la mejor satisfacción era salir de allí, volver de noche a la casa, para seguir pensando en lo que pidieron para mañana. Se generaba tanta presión que inventaba todo tipo de fantasías, es por eso que me demoré tanto en recibirme. A dos días de aquel glorioso día, me esperaba un examen, sabía que más de 2 no iba a sacar, así que decidí irme a la plaza a observar desde el oscuro monumento de Malvinas, a los pibes que fumaban porro y se reían. 

                  Me pregunto, si hubiera elegido volarme los sesos por esos días, la última mirada acerca de las cosas sería un poco más brillante. Pensaba mucho en cómo salir de mi situación, sentía que había un buen augurio para mi futuro. Si hubiera esperado a que ese “augurio” me encontrara, aun estaría atornillada a ese monumento, al fin y al cabo si no destrozamos el presente, tampoco existirían los pasados equivocados. La belleza del error, que nunca se equivoca. 

                  Caminé en dirección al kiosco, donde me compre un pucho suelto, era mi modesto acto de rebeldía, sentía cierto poder, fumar en la oscuridad de la plaza, observando las siluetas de los locos y los enamorados, almas en estado de limbo, que buscan los mismos rincones para encontrarse, lejos de tanta lucidez, donde no ser interrumpidos de los manoseos, los pensamientos suicidas y los bailes, la música, el sonido de una piña cayendo, los pájaros queriendo estar despiertos, y las luces viejas sujetándose al farol. En un momento, las hojas se volaron detrás y una figura se apoyó en mi espalda, hizo falta el silencio y nadie habló, una mano grande me tapó la cara y de repente sentí el calor de la sangre en mi costado derecho, entre la milésima de segundo que mi cerebro asimiló todo aquello, me di cuenta que ya no podía correr ni gritar, solo tratar de agarrarme las tripas. 

                  No perdí la conciencia en ningún momento, solo deje que el tiempo pasara, estaba segura de que la muerte ya me había abrazado varias veces, que me miró a los ojos y vio que no podía estar en ningún lado más que aquí. Por un momento pensé en el examen, en lo mal que me iba, que había zafado y en ese pibe, que me dejó una semana antes en el mismo lugar, dos puñaladas en el mes y seguía con vida. Mil años después, me subía a un taxi, donde recordaba aquel momento, mientras sonaba la canción en el entresueño.


Escribir comentario

Comentarios: 0

Puertas

 

05/07/16

 

Dormía en ese colchón cansado, pegado a la ventana que da al patio pequeño. 

La luna violeta caía a través de la leonera, tres plantas y un jazmín moribundo miraban sus cuerpos respirando en el silencio cruel de la noche. 

El vidrio expulsaba su aliento helado sobre sus cabezas, el calor de los leños artificiales les lamía los pies desde lejos. 

Ella sentía el olor del llanto ahorcado entre sueños, abrazada a otro cuerpo vendado de dos caras.

Un redoble corto y un zurdo metálico, con una subacuática lejanía timbraron las membranas del tiempo; se rasgó un parpado, luego el otro. 

Todavía en el otro mundo, sembrando la creencia de lo que es real, los golpes detrás del árbol envejecido, roto, prestado y pulido vociferaban su nombre. 

Un efecto electrónico de una voz de mujer clara. Gritaba derrumbando las paredes del submundo. 

El galope de un puño y una palma, desesperados y tiernos la arrancaron de allí arrastrándola de un pie. 

Entre sombras caminé por el filo de la noche, entre alientos y suspiros, esperando detrás de la madera y el metal otra respuesta a los gritos de mi corazón.

Escribir comentario

Comentarios: 0

Momento Maldito

05/07/16

Al fin he entendido que amo la perversa mirada cuando buscas la mentira, me gusta que enloquezcas de dudas, de tropiezos e inseguridades. Es fascinante el desvelo que te causan mis desapariciones, soy feliz al quebrarte, perderte, volverte a crear de mi lado, lejos del mundo y sometiéndote a mis caprichos. Este no es un relato patético de una verdad de muchos que castran la idea - antes de acercársele - de escapar en una siesta cualquiera, a perderse en otros paraísos, en otros mundos fantásticos donde nada es imperfecto. Todo es fragancia y suavidad, desesperación violenta y placer, vida y muerte, sexo.

Todos soportamos lo que no queremos. 

                           Si igual vas a ocultarme las verdades, no vas a contestar a la pregunta obvia. Vas a estallar en gritos subterráneos, escupiendo más incendios cada vez que te mire diferente a la costumbre. Odio tu sutil manera de ponerme en un rincón y de repente los aullidos ya no significan nada, las tristezas se hacen costra en los ojos y se suicida la ilusión en un mate tibio por la mañana ¿Qué sabor tiene la verdad? ¿Qué perfume la mentira?

                           Después de caer en los vacíos de la mente: los asfixiantes pensamientos. Cuando ya me fui, una vez más a perderme, vuelvo a ver tus ojos nublados de nostalgia, en forma de terrible pesadilla, de sensualidad sombría, de cobardía. 

                           Seguimos esclavas, poderosas, pacientes y hermosas, sé que en otras manos no estaré sin recordar qué tan amargo es el amor.

                           Y reaparezco cuando no hay nada, te encuentro buscando nuevas palabras absurdas y vuelvo a encenderme de rencor, de pasión por escapar, de algo que ya no existe.


Escribir comentario

Comentarios: 0