Martes 05/07/2016

EL SUEÑO DE LOS PIBES

                         “Coco” es mi hermano, desde chicos compartimos muchas cosas y, aunque tenemos padres distintos, crecimos como hermanos. Vivíamos en la misma cuadra, fuimos a la misma cuadra, jugábamos en el mismo equipo del barrio, nos inscribimos juntos en la escuelita de fútbol y compartíamos la pasión por los mismos colores, los de “River Plate”.

 

                         Nuestros padres, de quienes heredamos nuestro gusto por el fútbol y los Millonarios, fueron los que animaban nuestro sueño. "Estos van a llegar a primera", "Van a jugar en River", decían.

 

                         Así que nosotros crecimos con ese objetivo claro. Aunque “Coco” siempre fue “el distinto”, habilidoso del equipo y del que siempre se esperaba un lujito para aplaudir. Juntos entramos en las inferiores del “Argentino” de nuestro pueblo y empezamos el camino a primera. Él como enganche y yo como volante central éramos la mejor dupla creadora de juego en la Liga. Empezamos a entrenar con la primera a los 17 años, “Coco” alternó en algunos partidos del torneo en que salimos campeones y del Torneo del Interior, en el que fue una pieza fundamental para llegar a la segunda fase.

 

                         Cuando se nos acabó ese torneo, en la cena que hicimos en el club, algunos dirigentes se secreteaban con el padre de “Coco”. Al otro día era todo una novedad, ¡¡A Coco lo venían a buscar de River!! Yo me sentía feliz. Ese sueño nuestro, él lo haría realidad. Estuvimos preparando los dos juntos las cosas para el viaje. Ropa, algunos amuletos que le dio la gente del barrio y los llantos de mamá a la que se le iba el nene. Con 18 años, “Coco” tenía la posibilidad que tanto habíamos soñado. Cuando partió el colectivo rumbo al aeropuerto, y cuando me quedé solo, me invadió la nostalgia.

 

                         Dijimos que nos íbamos a ir juntos, sin embargo mandaron pasajes solo para él. Cuando volviera entrenar al “Social Argentino” iba a estar solo, ya no estará mi compañero de la vida, ese con el que compartíamos todo, con el que jugábamos de memoria. Ahora será otro 10 al lado mío, ya no será lo mismo. Y él, ¿cómo se va a sentir? ¿Se animará a hacer esos lujitos? Si solo sabe jugar al lado mío ¿Habrá en “River” un “5” como yo, para que se sienta más cómodo?

 

                          No tardamos en comunicarnos. Apenas se instaló en Buenos Aires me mandó un mensaje, vivíamos comunicados por todas las vías de hoy y enviaba postales de los entrenamientos y de sus partidos en la reserva. En el bar del club puse una foto grande suya en el círculo del “Monumental” con la rojinegra de nuestro “Social Argentino” puesta. Yo trataba de vivir todo lo que me contaba como si estuviera allá, con él.

 

                          Hasta que un viernes a la noche me dijo que no me iba a poder escribir porque no lo dejaban. Estuve todo el sábado tratando se saber algo de la reserva de “River” por todos los medios, aunque poco pude saber. El domingo quedé atónito, la noticia me estremeció y estuve más feliz y nervioso que cuando debuté en la primera del “Social Argentino”. Mil veces repasé el artículo del diario que titulaba "HOY DEBUTA LA GRAN PROMESA DEL FÚTBOL ARGENTINO".

 


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