Miércoles 10/08/2016

CRECER Y SER

Mientras llovía, un día antes del tan esperado 31 de diciembre, me senté al lado de la ventana para observar un poco el paisaje cotidiano. Si hay algo que me fascina es ver cómo el sol ilumina a los árboles verdes, creando así bellas tonalidades en el aire.

 

El sol parecía salir, pero el día era ciertamente extraño.

 

Me quedé un rato tildada, mirando lo lindo que era aquel paisaje. No era necesario irme tan lejos para buscar algo tan bello como eso.

 

Ciertamente me atacó la nostalgia. A pesar de mi corta edad, estoy decidiendo sobre mi futuro y, la verdad, me asusta.

 

Me gusta mucho jugar con la imaginación, me gusta soñar en grande y a veces me ilusiono demasiado. Pero esta vez es diferente.

 

Imagino muchas cosas y me da miedo.

 

Mi presente, obviamente, no será el mismo, ni tampoco muchas personas van a estar, supongo que el destino me pondrá otras en el camino.

 

También supongo que seré distinta. Cada día aprendo mucho y me llevo sorpresas, es lo intrigante de ser adolescente y querer llevarse el mundo por delante, pensando que lo hemos vivido todo cuando recién estamos comenzando a caer en la tan nombrada “Realidad”. He perdido gente que he querido mucho, he amado con todo mi corazón y he odiado, he aprendido a ser paciente, he llorado hasta el cansancio, he sido muy feliz con personas increíbles, maduré, me di cuenta que cantar me hace bien y me di cuenta que por un abrazo atravesaría medio mundo. 

 

Suelo ser despistada, imaginando un mundo nuevo, pero siempre trato de respetar mis pasos, a pesar de ser apurada como toda adolescente, sé que todo llega en esta corta pero gigante vida… por ahora prefiero caminar y aprender, antes que correr y no disfrutar este paisaje que, tal vez, algún día extrañaré.

 

Mientras pensaba en todo lo que hice este año, me fue inevitable sentir un nudo en la garganta y llorar. Suele ser un pequeño alivio al alma calmar esa angustia pasajera, más bien amarguras que nos pegan un poco.

 

Es difícil crecer y sacrificar tantas cosas. Es difícil dejar hábitos y perder personas. También es difícil crecer con ideales que, poco a poco, se derrumban cuando te das cuenta que las cosas suelen tomar otro rumbo.

 

Es parte de evolucionar y ser. 

 

En 365 oportunidades caben un millón de historias y personas.

 

Y acá estoy, 1 de enero y 364 oportunidades pendientes de mi caminata.


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