Sábado 10/09/2016

LA VUELTA

           “Todo el daño te volverá y no saldrás de esta. Huyas donde huyas, aunque te escondas en el mejor escondite de todos, te va a encontrar”.

 

       Sin sangre y con su rostro pálido se dirigió a su barco, los gritos de la conciencia empezaron a hacerse cada vez más fuertes.

 

       No cargaba nada en sus manos, solo el odio de las personas y aquellas palabras duras que solo se clavaban en el alma.

 

       El barco comenzó a navegar y el pueblo se veía como una diminuta mancha en su pasado.

 

       “Una nueva vida” pensó, mientras miraba el paisaje: Un barco vacío, solo él y la culpa.

 

       La marea aumentaba y los movimientos del barco eran cada vez más peligrosos, el cielo de a poco se tornaba violeta y las nubes negras marcaban un antes y después en el paisaje.

 

       La lluvia estaba en camino y no tenía nada para protegerse, solo la intensidad del frío y la conciencia tan pesada como la soledad que rodeaba el barco.

 

       No quedó otra opción que arrodillarse ante el cielo violeta y rogar que la lluvia pasara.

 

       Las palabras eran más fuertes y su conciencia le repetía una y otra vez “Te va a encontrar”.

 

       La culpa lo sumergía cada vez más en la idea de morir o desaparecer.

 

-¡¿Tanto tengo que sufrir para pagar por esto?!- Dijo gritando a la nada misma.

 

       El daño fue tan grande que ni el castigo más doloroso de la tierra, recompensaría lo que él hizo.

 

El frío y la conciencia derribaron al hombre, dejándolo tumbado en el barco. El día pasó y la noche lentamente también. Cuando abrió sus secos ojos, se dio cuenta que la lluvia había cesado y el sol le quemaba la piel con gran intensidad. Se sintió victorioso, logró escapar invicto del daño que hizo, escapó… cobardemente pero escapó. Ahora comenzaría el escape a otra realidad. 

 

       El clima era perfecto y su conciencia estaba tan calma como aquellas olas lejanas que expresaban tristeza y nostalgia. Las palabras dichas en un principio parecían sin sentido y tan lejanas como aquel pueblo.

 

       Luego de convencerse a sí mismo que todo había pasado, se apoyó en un costado del barco a contemplar el hermoso paisaje. Pero se olvidó de algo… mirar hacia atrás.

 

       Las nubes negras aparecieron bruscamente arruinando el paisaje. La lluvia comenzó a caer en finas gotas, pero de una forma penetrante y brusca se tornó en una tormenta de gotas gigantes.

 

El barco comenzó a navegar a la deriva y el mar clamaba rabia por doquier.

 

       De a poco, se abrió un camino oscuro que levantó una ola de una altura incalculable. 

 

       La ola envolvió al barco, hundiéndolo en lo más profundo del mar.

 

       La conciencia, sumergida en lo más profundo, repetía por última vez las palabras;

 

       “Todo el daño te volverá y saldrás de esta. Huyas donde huyas, aunque te escondas en el mejor escondite de todos, te va a encontrar”

 

       Así tal vez entendió que lejos o cerca, las deudas pendientes se pagan antes de partir.


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