Martes 05/07/2016

DEFINAMOS TRISTEZA

La tristeza magna e inconmensurable de un corazón que duele ya por demasiado tiempo…

Pintado por cinco o seis tipos desconocidos de grises; sin estrategias ni programas, ni materia prima de calidad para fundar un mínimo pero sólido puente de escape a algunas luces de por allí.

 

De ese entonces el no poder… y la impotencia concentrada en gotas de excelente alquimia y atesorada en tallados frascos de vidrio antiguo, amarillentos, de tapas glaseadas de seis caras… y la rabia llorosa y para males sin humedades, esas que a veces lavan.

 

La sangre se hace pétrea, Vesuviana; los brazos de bronce -y no abrazan-, voz de estadio gigante y vacío, mirada a puntos de fuga de dibujos sin definir, Teofanescos y nunca pero ya jamás un aliento novel, un retoño, una primavera más…, ya no, solo esto que se define como pena, como tristeza y ya incompresible e inmanejable.

 

He leído defensas de la tristeza como estado, ¡Joder¡, sentimiento impuro y pagano, cruel e impío cuando no es letra y es tu carne y en tu carne y peor… el aire ese, en ese aire, el de adentro tuyo el que lo y la purga, pena y carga.

 

Se escribió también que después viene lo desolado y se escala hasta la desesperación y pocos saben que… luego, después.

 

Y ¡¡QUÉ ESTUPIDEZ…!! Una lágrima que talla la mejilla hasta el pómulo; líquido inútil, ni lava penas (Contradicción lo sé) ¿O hará falta un reguero? –pero si ¡ni quedan!-

 

¡Hey autor de cuentos!… no todo era color de rosas… no pidas, se crea en un colorín colorado de perdices…; pinta para chan chan de tango crudo, retratos vacíos, abandonos y domingos de solo. 

#NUESTRAVOZNOSEAPAGÓ

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