Sábado 23/06/2018

#CATARSIS

Originada en la cuna de la civilización occidental y acuñada por Aristóteles para describir la tragedia griega, la catarsis se puede entender como una “purificación” propia del teatro. En ella, los espectadores experimentan, mediante la contemplación de las obras, las pasiones que los atan sin tener que sufrir un castigo o la misma muerte. 

 

Esta expresión siguió vigente a lo largo de la historia del teatro, tanto así que un dramaturgo alemán llamado Bertolt Brecht, formado en el contexto de la segunda Guerra Mundial, vio en este efecto algo peligroso. Como contramedida, propuso el “efecto de extrañamiento”, para sacar al público de ese ensueño onírico y permitirles reflexionar de una forma crítica y objetiva. Su idea era no darle a la audiencia un mágico desenlace en bandeja de plata, sino procurar que fuera el espectador el que deba buscar la solución al desenlace de la obra.

 

Y esto solo aplicado al ámbito del teatro, porque nadie imaginaba (o quizás solo unos pocos) que se avecinaban revoluciones como el cine, y luego la televisión, que impactaron en la vida de los seres humanos. Antes de que esta industria aprendiera a caminar, apareció el Internet para subirlo a una motocicleta que llevaría el arte a la computarización de los celulares.

 

Aun con estos increíbles avances en la tecnología, vivimos en una época de crisis individual y social, tanto ambiental como económica, tanto a nivel mundial como nacional. Aunque no es nada nuevo, ¿cierto? Dado que ya somos conscientes de todas estas cosas a tal punto de haberlas normalizado. 

 

¿Dónde liberamos nuestras pasiones ahora? ¿Dónde encontramos nuestro lugar para hacer catarsis? 

 

Memes.

 

¿Te rompieron el corazón? ¿Tus padres te pegaban de chico? ¿Has sufrido situaciones de inseguridad en las calles? ¿Traumas? ¿Eventos que te provocaron una felicidad inexplicable? ¿Para qué transformar todos esos confusos sentimientos en arte cuando basta con compartir un meme para que los demás sepan de tus más íntimas emociones? ¿Por qué gastarme en leer o ir a ver una obra de teatro con la que pueda identificarme si toda mi realidad está resumida en un capítulo de Los Simpsons? De hecho, ¿para qué molestarme en ver la serie si con entrar a una página de memes de Los Simpsons es suficiente? 

 

Esta purificación virtual que provocan las redes claramente va más allá de los estados personales de las personas, discusiones y críticas sociales basadas en un estado. ¿Por qué? Porque mi disconformidad social puede ser pugnada con un estado en Twitter que reciba suficiente retweets. Porque puedo validar mi desacuerdo comentando una publicación. Todo se resuelve con tocar la pantalla. Temas como la legalización del aborto se resumen en la explotación de memes sobre un feto ingeniero y, mientras esto circula, las problemáticas que tenemos que afrontar actualmente quedan silenciadas: la inflación, el aumento de impuestos, los ajustes salariales, la educación y todo lo realmente relevante acerca de la legalización del aborto. Ya ni si quiera es necesaria la censura para ocultar los abusos de poder y el despilfarro económico que produce la corrupción. Al contrario, todo el tiempo recibimos una sobreinformación masiva y dudosamente verificada.

 

¿Pero no será esta catarsis un mero apaciguamiento, una pitada que basta para volverte adicto a dar pitadas de todo lo que te vaya pasando? Porque uno jamás estaría dispuesto a fumarse todo eso entero. Y entonces tiramos el resto del pucho debajo de la cama, igual que todo el desorden. La diferencia es que esta cama es virtual y, por lo tanto, intangible y casi infinita. En consecuencia, el caos acumulado no lo vas a notar cuando despertés. No te alarmes si pisás un cigarrillo de catarsis por accidente; basta con actualizar para volver a prenderte otro. 

 

Normalmente, es uno el que consume las drogas (sea cual fuere) pero puede que este vicio en realidad nos esté consumiendo a nosotros ¿No será el Internet el que te está chupando a vos? Actualmente está bien que tu vida sea pública y tu libertad privada. La sociedad lo acepta. La biografía de una persona ha pasado a ser un perfil de Facebook, y la “historia” una foto que la ves durante no más de tres segundos y que no dura más de veinticuatro horas. El arte ya no depende de la contemplación y la crítica, sino de los números que aparecen debajo de él. Sí, que haya espacios para satirizar lo que sucede no está mal. Que nadie tome en serio las redes sociales y solo se usen para compartir memes y reírse un rato no es dañino. Lo dañino es que el resto de los espacios serios están vacíos. Lo dañino es la cantidad de tiempo que desperdiciamos no haciendo más que mover el pulgar. Lo dañino es que el reclamo termine en la publicación que compartiste y no muevas el resto de tu cuerpo para hacer algo más allá de la pantalla de tu teléfono.

 

¿Qué clase de Verfremdungseffekt tiene que producirse para que despertemos de la onírica ilusión online en que vivimos?


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