Miércoles 07/03/2018

 

DERRIBANDO MITOS

¿Qué es la culebrilla?

¿Han escuchado alguna vez a algún vecino, a sus abuelos, a algún familiar hablar de la frase: “…si se juntan la cabeza y la cola de la culebrilla, te podés morir”? En la creencia popular, se cree que el “animal” que va dejando las marcas, es decir, la culebrilla, no puede juntar su cola con su cabeza, porque eso sería fatal. Se atiende desde un principio con diferentes tratamientos. Pero ¿de qué se trata esta mítica enfermedad que desde hace siglos produce desconcierto?

 

El “herpes zóster”, también llamado comúnmente “culebrilla”, “culebra” o “culebrón”, es una enfermedad viral provocada por la reactivación del virus latente Herpes tipo 3 o virus Varicela-Zóster, que se aloja en el interior de las neuronas de los ganglios nerviosos. En España, Italia y Malta se lo suele denominar “fuego de San Antonio”. Fue descripta por primera vez por el médico inglés William Heberden en 1767; posteriormente, en 1888, Janus Von Bokay postuló que la varicela y el herpes zóster eran producidos por el mismo agente viral, hasta que Thomas Weller, en 1952, aisló el virus en laboratorio y confirmó la real conexión entre las dos enfermedades.

 

La infección se inicia en la infancia cuando los niños toman contacto con el virus (se transmite por vía respiratoria), generalmente en jardines, escuelas primarias o en cualquier lugar donde mantengan contacto directo, manifestándose los primeros días posteriores a la infección síntomas inespecíficos como dolor de cabeza, fiebre, malestar general, pérdida del apetito, dolor abdominal y vómitos. Luego, comienza una erupción en la piel, comenzando por la cara, el cuero cabelludo y extendiéndose al tronco y extremidades, incluidas palmas y plantas; se trata de ampollas que se ulceran y luego se hacen costras, causan mucha molestia y picazón, y suelen dejar pequeñas cicatrices en forma de hoyo o sacabocado. Se diferencia de otras enfermedades eruptivas de la infancia porque pueden observarse lesiones en varias fases evolutivas, es decir, vamos a encontrar ampollas completas, ampollas ulceradas y costras en un mismo momento (fenómeno denominado “polimorfismo lesional”). Por lo general suele involucionar en una semana sin mayores complicaciones.

 

Una vez producido el primer contacto con el virus y desarrollados los síntomas, el mismo queda latente en las células de los ganglios nerviosos sensitivos durante toda la vida. Cuando éste se reactiva (no se conocen con exactitud las causas de reactivación, pero se asocian con una caída de las defensas), se desplaza por los nervios sensitivos hasta la piel, causando las lesiones características del herpes zóster. Esta reactivación se produce generalmente en adultos jóvenes, asociado a situaciones de estrés. Durante los primeros días se pueden observar síntomas generales muy similares a la varicela, y se continúa por una erupción en forma de ronchas que luego se convierten en ampollas, suelen estar precedidas de dolor en la zona y aumento de la sensibilidad cutánea. Por lo general aparecen en una o dos zonas de la piel inervadas por trayectos nerviosos adyacentes, de forma unilateral, afectando más frecuentemente las regiones del tórax, ocular y lumbosacra (espalda baja y glúteos). Retrograda en 3 a 7 días, y una de las complicaciones más frecuentes es la neuralgia postherpética: dolor intenso, debilitante, de difícil tratamiento en la zona donde estuvieron las vesículas, que se da más frecuentemente en adultos mayores, persistiendo varios meses.

 

Como había dicho anteriormente, la varicela se da más frecuentemente en niños, pero también pueden padecerla los adultos, si no han tenido contacto previamente con el virus (¿quién más que yo podría contagiarse de varicela a los 23 años?). La infección en adultos suele ser más grave, con mayor compromiso general y mayores posibilidades de padecer complicaciones neurológicas moderadas a graves. Puede aparecer como una complicación rara en embarazadas, pudiendo afectar al embrión, y la infección diseminada es más frecuente en pacientes con inmunosupresión grave (pacientes que están sometidos a trasplante, con HIV, con enfermedades hematológicas graves que están recibiendo quimioterapia). De la misma forma, el herpes zóster es frecuente en adultos, pero si se observa en niños o adolescentes habrá que revisar el estado inmunitario del paciente. 

 

A pesar de los avances en investigación, durante mucho tiempo y hasta la actualidad continúa siendo una enfermedad tratada por curanderos, con procedimientos muy diversos. Los más famosos consisten en frotar el abdomen de un sapo vivo por las lesiones, creyendo que el animal absorbe el veneno y al poco tiempo muere; otro método consiste en hacer marcas con tinta china en forma de cruz sobre las lesiones, ya que se pensaba que la culebrilla era un reptil que había pasado por la ropa de la persona mientras estaba colgada al sol para secarse, dejando allí su veneno. Si bien mucha gente afirma que ha sido “curada” mediante la tinta china, hay que tener en cuenta que es una infección autolimitada, y que hasta el día de hoy no hay evidencia científica del efecto de esa sustancia sobre las lesiones. Mi sugerencia: consulte siempre a su médico de confianza en caso de tener síntomas similares, para iniciar el tratamiento correspondiente de manera temprana, evitando así complicaciones. 


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Comentarios: 3
  • #1

    Karolina (miércoles, 07 marzo 2018 16:34)

    Excelente Nota �����

  • #2

    Milagros (miércoles, 07 marzo 2018 17:07)

    Estupenda nota.

  • #3

    Leo (miércoles, 07 marzo 2018 17:40)

    Me encantó la nota!!!