Viernes 28/07/2017

ELDERWOOD

El vapor de mi aliento aparecía de forma rítmica delante mío, era el horrible frío que me seguía a donde fuera. Cada paso que daba mis piernas se sentían un poco más pesadas, estaba demasiado cansado para seguir, pero podía sentirlo.

 

Sabía que había alguien detrás de mí, pero cada vez que me giraba para verlo no encontraba rastro alguno de su presencia. A veces, y solo a veces, una sombra cruzaba entre los árboles, pero cuando intentaba buscarla, ya no estaba.

 

Sé que está esperando. Esperando a que ya no pueda seguir adelante y caiga presa de mi extenuación y luego… dios sabe cuál será mi destino si eso sucede.

 

Continué, no iba a dejar que aquel ser obscuro me atrapara, por más que cada músculo de mi cuerpo quemara a medida que avanzaba mi corazón latía sin cesar. Atravesé el frondoso follaje esperando llegar a algún lugar. Mientras más me adentraba, mas veía cómo los árboles pasaban de ser una amalgama de hojas y ramas a tener formas humanoides. Al principio pensé que podía ser mi imaginación, luego comencé a distinguirlo claramente. Piernas, brazos, a veces caras, caras de un profundo horror en un eterno grito de agonía.

 

Respiré muy hondo y froté mis ojos esperando que todo fuera una pesadilla. Pero no era así. Al abrirlos, me encontré con el mismo terrible paisaje. Quería dejar todo atrás, ya no podía con esto, el miedo me consumía, pero a lo lejos lo vi. Una persona estaba caminando con una linterna. Me emocioné como hacía mucho no sucedía.

 

“Sí, – pensé - si hay una persona aquí significa que debo estar cerca de algo, un pueblo, una aldea, lo que sea será mejor que este lugar.” Por breves instantes olvidé mi condición física y comencé a correr hacia él. Al principio solo veía un punto incandescente que se movía, pero a medida que me acercaba comencé a distinguir una silueta. Aquel hombre, vestido con un traje negro y un sombrero de copa estaba arrodillado frente a un árbol. Había dejado su lámpara de mano a un costado, un leve quejido hacía eco en el aire. Al principio pensé que era un llanto. Luego que dicho hombre estaba balbuceando cosas. Hasta que lo oí atentamente. Estaba rezando, pero era una oración que nunca en mi vida había escuchado.

 

“Nacemos de la sangre.

Nos volvemos hombres por la sangre.

Y morimos por la sangre.

Pero cuidado con la fragilidad del hombre.

Su voluntad es débil y su mente joven…”

 

Acerqué mi mano a su hombro y, al percatarse, paró en seco. Traté de abrir la boca para preguntarle si sabía algo pero antes de que pudiera darme cuenta, aquel hombre se había girado y tomado mi brazo; y gritando decía: “¡La bestia ya viene! ¡Está sedienta, te está buscando! ¡La bestia ya viene!” Una y otra vez.

 

El susto inicial me había dejado estupefacto, pero mientras gritaba y apuntaba su cara hacia mí, logré notar que sus ojos no estaban en sus cuencas, en su lugar un par de hoyos negros, hundidos en su cara. Su piel era gris y sus dientes, putrefactos, acompañaban la imagen de un cadáver que quién sabe cómo aún se mantenía en pie. Pero estaba allí, gritándome.

 

Grité y di unos cuantos pasos hacia atrás pateando la lámpara que estaba en el suelo, la cual se rompió y la llama que albergaba comenzó un fuego que rápidamente se propagó. En ese momento vi el horror.

 

Hasta entonces todo lo que pensaba sobre ese bosque habían sido solamente conjeturas, pero con la luz de aquel fuego logré verlo. Árboles blancos y rojos, con caras humanoides, se postraban  alrededor mío. Como si todos y cada uno de ellos padecieran un terrible dolor constante. A medida que el fuego los alcanzaba, de aquellas bocas emanaban gritos horribles que podían volver loco a cualquiera. Decenas, cientos, miles. Cada vez más y más fuertes. Hasta que, en un instante, el fuego se apagó y el sonido cesó.

 

Aquel ser putrefacto que estaba delante de mí había desaparecido, junto con la lámpara. Entonces una mano, que no parecía humana, se posó en mi hombro. Eran dedos muy largos y pesados, casi llegaban a mis costillas.

 

Las personas que se pierden en el bosque de Eldewood nunca regresan. - dijo una voz muy profunda en mi oído - Sus almas quedan atrapadas aquí para siempre. En cada uno de estos árboles.

 

El miedo me había paralizado, tenía los ojos fuertemente cerrados  y contenía el aliento como nunca en mi vida. En ese momento, sentí como su mano soltaba mi hombro. Esperé unos momentos y volví a abrir los ojos, solo para encontrarme frente a dos ojos, centelleantes como la luna, emanando una luz blanca. Se acercaban cada vez más a mí.

 

- Bienvenido a Elderwood… - escuché en el viento, y esas fueron sus últimas palabras.


Escribir comentario

Comentarios: 0

NOTAS RELACIONADAS