Domingo 06/08/2017

EL ALMA DE LA ABUELA

(Dedicado a mi Agüela “la Ita”. a su memoria)

En ella está ya todo, todo está decidido. Páginas que le queman las manos expuestas entre sus pechos. Su vida… Alma harapienta, lacónica, desbordada, tremenda, vórtice, trajín, vorágine, blasfemia, suspiro, grandeza, prosa, sonido, silencio, ausencia, desprecio, flama, vena, sonrisa, magna, generosa y tanto más de todo. Años de sentir encofrados en titanio. Pero este cielo nocturno de julio le regala -escrito con estrellas- cada letra de sus dos nombres y en la cadencia correcta... Se despoja de cargas y se niega a dibujar respuestas. Solo se entrega a ser arrastrada por impulsos y enviar palomas de paz a las gentes que viven en la tierra donde todavía florecen y perfuman los jazmines; aquel feudo donde ella vivía antes de las flamas de las penas de alma. Perdona todo como un amante y tienta suavizar las hondonadas toscas de su alma dura o endurecida (es igual). Su mano morena se apoya tremente, anida sobre su corazón y escupe niebla a su memoria, esa que está clavada a palos en cruz. Y en cano aguarde; el sabor de un vino en sus labios y el distinto viento del soplar de los niños nietos la despierta de su abstracción. La expectación se hace credulidad… Están todos a la mesa grande y eso la colma –allá más del óxido de sus huesos y tendones -; levanta la abuela su hermosa frente; cree sonríe; toma pan y piensa en fuerte vibra… ¡“momento malvado e inclemente”!; ¡pretendiste hacerme convicción que mi alma no tuvo su par de alas! Y la mujer de uno de sus nietos le sirvió pollo sin piel y puré de camote. Y fue una buena porción recuerdo.


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