Sábado 20/01/2018

EL BOSQUE SILENCIOSO

La niña corría tras la mariposa azul. Riendo divertida estiraba su regordeta mano para agarrar a la escurridiza criatura. La muy traviesa no se iba dejar atrapar. Aleteando, se alejaba en el momento justo. Un par de iris malva la observaban, escondidos tras un árbol. Una boca pintada de carmesí sonrió. Si, ella serviría.

 

La mariposa se posó en una margarita, ignorante del peligro que la acechaba. La niña conteniendo una risita se acercaba lentamente... Una serie de chasquidos de lengua reprobatorios llegaron a sus oídos. Se giró y encontró a una bella dama, con un vestido negro lleno de elegantes encajes. El largo cabello igual de oscuro pero brillante y de aspecto suave. Una cara que terminaba en una barbilla en punta. Piel blanca cual nieve. Era una figura hermosa. Pero lo que más llamaba la atención eran unos sobrenaturales ojos color malva. La pequeña no podía creer lo que veía.

 

- Sos un hada? – se le escapó a la menor. Era tan parecida a los cuentos que le había contado su abuela. La mujer rió suavemente. Absurdo, casi insultante, que la mocosa la comparara con esas criaturas estúpidas. Su magia era superior. Pero claro, era solo una mocosa ignorante. Ocultando su fastidio tras una máscara amable miró hacia los grandes ojos negros, que la observaban maravillados mientras agarraba su vestidito.

 

- Exactamente. – su sonrisa se amplió- me llamo Aisandra, ¿cuál es tu nombre?

 

- Lu.. lucinda..- alcanzó a susurrar.

 

- Lucinda... ¿quieres que te enseñe el reino de donde vengo? Es un lugar hermoso.- sus ojos tomaron un brillo extraño.

 

Inconsciente de la mentira, la niña asintió entusiasmada. La boca roja mostró dientes blancos. Maravilloso, su hambre sería saciada pronto. Tomó la mano de la niña y la condujo al interior del bosque. La pequeña hada disfrazada de mariposa intentó prevenirla, pero la bruja la alejo con un azote invisible antes que la pequeña se diera cuenta.

 

Su abuela la llamaba pero no había rastro de su pequeña nieta. Tenía un mal presentimiento entre sus costillas. A su niña le había pasado algo malo, algo terrible. Su respiración agitada era el único sonido. Mala señal cuando hay silencio en el bosque.

 

Una mariposa azul se posó en su hombro y una dulce voz susurrante le dijo:

 

La pequeña en las manos de la bruja cayó.

La pequeña en estofado se convirtió.

Lamento de ayuda no haber servido.

Del cometido del demonio no haber detenido. - con un sollozo terminó y se alejó aleteando.

 

Las lágrimas demoraban su camino en las arrugas, arrodillada sobre un lecho de hojas dejó salir el dolor de su impotencia. Los sollozos de la anciana eran el único sonido que se esparcía por el bosque.


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