Lunes 30/10/2017

KITSUNE

Podía sentir cómo el cigarrillo lentamente iba consumiéndose en el cenicero, cómo la grabadora iba enrollando la cinta magnética en su extremo opuesto, guardando cada sonido y cada silencio, cómo el aire se empezaba a tensar, a filtrarse de lugubridad y terror. Pero, sobre todo, podía sentir cómo aquella mirada me apuñalaba y me sepultaba en la profunda y fétida tierra del dolor y la desesperanza. Era la mirada del peor ser que había habitado este mundo, un asesino sin piedad, una persona sin remordimientos ni conciencia. Era la mirada de Jonathan Skarsgård, más conocido por su sobrenombre "El Asesino de la Horda", el más cruel perpetrador de comienzos de este siglo. 

 

Yo me encontraba en el otro extremo de la mesa dentro de aquella oscura y fría sala de interrogación, sosteniendo mi mirada, conteniendo mi repulsión y mis deseos de terminar, con un solo disparo, con la miserable vida de este psicópata de una vez por todas. Pero debía mantenerme calmo, no podía permitir que mis emociones me violentaran. Skarsgård esa noche iba a confesar, iba a revelarnos cada uno de sus crímenes, cómo torturó y asesinó a cada una de sus víctimas y, lo más importante, daría a saber el paradero de muchas de ellas, de las cuales nunca se hallaron los cuerpos. Era información muy valiosa y no podía dejar que él diera marcha atrás con esta decisión tan inesperada y crucial. Capturarlo nos llevó más de diez años, pero gracias a un descuido de él, pudimos atraparlo. Las primeras semanas que estuvo encerrado en este lugar se mantuvo en silencio. Lo golpeamos, lo torturamos, fuimos tan crueles, o aún más quizás, de lo que él fue con sus víctimas, pero no logramos sacarle ni una sola palabra. Finalmente decidimos confinarlo en aislamiento hasta que fuera el día del juicio, dejarlo a solas con sus pensamientos, sus fantasmas y horrores. Fue entonces que esta mañana, sorpresivamente, él decidió voluntariamente confesar. Dijo que estaba dispuesto a contar todo, sin omitir ningún detalle ni esconder ningún hecho. Es por eso que en este momento estoy sentado frente a él, esperando sigilosamente que comience su confesión.

 

- ¿Recuerda lo que soñaba de niño, detective? - me preguntó Skarsgård, con una voz terroríficamente calma. Su pregunta me había desconcertado, pero no podía permitir demostrárselo, debía seguir su juego, debía mantenerme quieto y frío, como un témpano que navega en sus heladas aguas.

 

- No mucho... - dije de una manera cínica.

 

- Yo los recuerdo. Soñar, cuando somos niños, es tan mágico. Es un mundo tan único y propio que, lo cuidamos muy celosamente, no queremos que nadie se apropie de nuestros sueños pero... a veces alguien se los roba, alguien los corrompe.

 

El atisbo de una mirada de profunda tristeza se cristalizaba en sus ojos. Una tristeza que jamás había visto en la mirada de nadie más. Pude sentir, por un instante, que un inmenso dolor se escondía detrás, pero intenté no demostrar empatía por sus emociones.

 

- ¿Quién fue ese alguien? – pregunté.

 

Skarsgård hizo una pequeña pausa y suspiró, como buscando valor para lo que estaba por contarme.

 

- La noche en que cumplí diez años, soñé que me encontraba dentro de un bosque. Podía sentir el aire espeso llenar mis pulmones de su humedad, observar la luz filtrándose entre las hojas, el viento susurrando en mis oídos. Iba adentrándome, como buscando algo, sin saber qué precisamente, pero con la convicción de que lo encontraría - se inclinó desde su silla y, estirando su mano, tomó el cigarrillo que estaba en el cenicero y, con total impunidad, lo puso en su boca y comenzó a fumarlo, demostrando con sus gestos cómo buscaba aliviar su angustia a través de aquel cigarrillo - Seguí adentrándome hasta llegar a un claro donde me encontré con un zorro.

 

- ¿Un zorro? - pregunté de manera irónica, con una expresión de burla en mi rostro.

 

- No era un zorro cualquiera. Sus ojos eran tan rojos como el fuego mismo del infierno. Su pelaje era blanco, tan blanco como la nieve más pura. Pero lo más sorprendente de él eran dos cosas principalmente: tenía nueve largas y magníficas colas, que creaban una aureola acendrada detrás de él. Y, por sobre todo, es que podía hablar. Su voz era tan suave, como una caricia, pero a la vez causaba un temor escalofriante. Su nombre era Hazulo y dijo ser un kitsune, un espíritu que me estaba convocando.

 

- ¿Convocando para...?

 

- Para reclamar la sangre de este mundo. Dijo que la humanidad debía purificarse y para ello era necesario sacrificar almas inocentes. 

 

Aquellas palabras tan macabras me habían perturbado en lo más hondo de mi ser. No podía creer el grado de locura y crueldad que habitaba en el corazón del hombre que se encontraba frente a mí. Pero sabía muy bien que esto era tan solo la superficie, que debía entrar en lo profundo de sus turbias aguas.

 

- Aquella noche – prosiguió – desperté inmediatamente después de escuchar esas atrocidades. No pude volver a dormir en toda la noche. Creí que solo había sido una horrible pesadilla. Solamente eso... ¿Me puede dar otro? - Estirando sus manos, me pedía otro cigarrillo para poder continuar con su relato. Saqué uno más del paquete que tenía en mi bolsillo y se lo di. 

 

- Como dije, pensé que solo había sido una pesadilla. Pero no fue así. A la noche siguiente volvió a surgir en mis sueños. Me dijo que no podía negarme a mi destino, al propósito para el que me estaba convocando. Que intentar resistirme solo me causaría daño a mí y a la gente que quiero. A pesar de su amenaza, me rehusé.

 

- ¿Y qué sucedió?

 

- Debí haberlo escuchado...

 

Una mirada de arrepentimiento cruzó como un rayo fulminante, hiriéndolo en lo más secreto de su corazón.

 

- A la mañana siguiente, cuando desperté, noté que mi familia no se había levantado, así que fui a su habitación a despertarlos. Los llamé incansablemente, pero jamás abrieron sus ojos. Él los había asesinado. Se había llevado sus almas como un castigo, dejándome huérfano.

- No se puede estar seguro de que haya sido él - le refuté tenazmente.

 

- Pero con diez años uno piensa que es verdad todo lo que le pueden decir. Y habiendo quedado huérfano, sin nadie que me protegiera, creí realmente que la muerte de mis padres fue por castigo de Hazulo. Los forenses dijeron que fue de causas naturales, pero... era demasiada coincidencia y jamás podría aceptar lo contrario.

 

- ¿Qué es lo que sucedió después? – pregunté.

 

- Al no tener más familiares, me llevaron a un orfanato, donde mi verdadero infierno se desató. La primera noche dentro de ese internado, Hazulo reapareció en mis sueños. Volví a negarme a sus oscuros deseos, realmente no quería cometer ningún crimen. Pero todas las noches que siguieron, el kitsune me atormentó con horrendas pesadillas. Imágenes sangrientas y violentas: cuerpos mutilados, llantos de dolor, gritos desesperados rogando por piedad. No lograba conciliar el sueño, temiendo que los terrores que me acechaban en aquellas pesadillas se hicieran realidad. Después de un tiempo, Hazulo volvió a hablarme y, esta vez, resignado me doblegué a su voluntad. Decidí entregarme, sin importar las consecuencias que podía traer consigo.

 

Uno de los peores asesinos de la historia, ¿era tan solo el esclavo de un ser sobrenatural que existe más allá de este mundo físico? No podía aceptarlo, me negaba a creer tal fantasía absurda y demencial. Pero guardé silencio, como dije antes, debía permitirle terminar su confesión, ver hasta donde seguía con su farsa imaginaria.

 

- Al aceptar aquel designio, comencé mi tortuoso calvario. Mi primera víctima fue uno de los niños del orfanato. Un huérfano como yo, es decir alguien que nadie extrañaría. Nos fuimos a un bosque que estaba cerca de aquel lugar, sin que nadie nos viera, caminamos hasta llegar lo más lejos posible y ahí, fuera de ojos testigos, maté a aquel inocente niño. Tomé una enorme piedra con mis dos manos y, con todas mis fuerzas, lo golpeé incontables veces hasta que solo quedo de él un trozo de carne desangrado sobre la tierra húmeda.  Aquella noche, a pesar de que mi inclemente conciencia me torturaba, pude dormir y hablar con Hazulo, quien estaba agradecido por haber cumplido con su deseo. Sabía que mucha más sangre inocente correría, pero aquel espíritu me dijo que estábamos trayendo orden al caos de este mundo.

 

Skarsgård continuó hablando durante infinitas horas, contando detalladamente cada asesinato que había cometido en nombre de este misterioso espíritu, siguiendo sus órdenes, sumiéndose más y más en la oscuridad y la locura, absolutamente convencido de que, al final, estaba purificando este mundo. Cada muerte, cada inocente alma que había sido masacrada, para este ser metafísico significaba la absolución de nuestros pecados y el incremento de su fortaleza. Mientras más gente moría en su nombre, más influencia tenía sobre nuestro mundo, apoderándose de cada gramo de nuestra humanidad. Al concluir su confesión, después de escuchar sobre todo el terror que había sembrado y el peso de las vidas que había robado, solo pude hacerle una simple pregunta:

 

- Es decir que ¿todos los asesinatos cometidos, toda la sangre que hay en tus manos, ha sido en nombre de este espíritu?

 

Skarsgård me miró fijamente esbozando una sonrisa irónica, manteniendo la tranquilidad con la que había contado toda su historia, y tan solo me respondió:

 

- Muy pronto lo descubrirá por usted mismo...

 

Después de decirme aquellas frías palabras, dijo que no diría nada más. Pidió volver a su celda, sin desear conocer cuál sería su destino después de sus declaraciones. La verdad es que yo tampoco sabría qué pasaría: si lo encerrarían condenándolo a cadena perpetua, o si lo llevarían a una institución psiquiátrica para intentar salvar su alma. Eso estaba fuera de mis manos, tan solo podía aceptar lo que sucediera. 

 

Tras esta tempestiva noche, mi único deseo era poder descansar, tratar de conciliar el sueño, encontrar paz y refugio al dormir. Llegué a mi casa y fui directamente a mi cama, a olvidarme del mundo y su caos, a no pensar en la humanidad y su destrucción. 

 

En lo secreto de la noche, me encontré en mis sueños perdido en un oscuro bosque, sin nadie más a mi alrededor, caminando entre los árboles, buscando a alguien para no sentir esa desesperante soledad. De pronto sentí una voz que me llamaba. Sin saber por qué, seguí aquella voz, que me condujo hasta un claro. Y ahí, lo vi nítidamente. Un zorro de pelaje blanco y ojos rojos, parado frente a mí, mirándome de una manera siniestra. 

 

- Skarsgård cumplió con mi pedido después de todo... Hola detective, bienvenido a mi mundo. Soy Hazulo. Sé que le han hablado de mí, y sé también que usted dudaba de mi existencia. Pero aquí estoy. Emocionado porque realicemos grandes cambios a este mundo.

 

Inmóvil y aterrado, no podía casi hablar, solo algunas palabras logré soltar con mi voz entre cortada y temblorosa.

 

- Esto... no... No es posible... No puede ser...

 

- ¿Real? Por supuesto que lo es. - soltó una terrorífica risa que me heló la piel y el alma - Skarsgård fue un fiel servil durante décadas, pero encerrado me es inútil, no puede servir a mis propósitos. Así que anoche le confesé la única manera de que yo pudiera acceder a la voluntad de otro ser humano: Debía contarle sobre mí a alguien más. Decirles de mi existencia, y así yo podría entrar en los sueños de ese otro ser. Skarsgård lo eligió a usted. Y ahora está en sus manos una importante decisión: Obedecer mis órdenes y cumplir con mi propósito en este mundo… o liberarse y hacer que alguien más sufra este tormentoso designio…


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