Jueves 25/01/2018

LABERINTO

“Nunca le niegues sus sueños a quien te los ofrezca”

 La época de Navidad y Año Nuevo siempre nos pone nostálgicos. Surgen los maravillosos momentos vividos de nuestra niñez, y de esa antología de recuerdos siempre aparecen esas películas que nos marcaron, en aquellos tiempos donde la magia y los seres fantásticos eran tan reales para nosotros como nuestros más anhelados sueños. De aquel mundo olvidado en lo más secreto del alma, cobra vida una historia tan inocente como oscura: “Laberinto” (“Labyrinth” en inglés) un film infantil de fantasía del año 1986, dirigido por el cineasta Jim Henson con guion de Terry Jones. El largometraje cuenta con las magníficas actuaciones del multifacético cantante (y actor obviamente) David Bowie y una hermosísima y joven Jennifer Connelly de tan solo 16 años, allá en sus inicios por el mundo del cine.

 

             La historia nos presenta a Sarah Williams (Jennifer Connelly) una adolescente de 15 años, a quién una noche su padre y su madrastra le encomiendan a regañadientes que cuide a su hermano, un pequeño bebé de un año, mientras ellos asisten a una reunión. La joven acepta contra su voluntad, pero al poco tiempo comienza a hartarse de su rol de niñera por no saber cómo calmar los llantos y berrinches del pobre infante. Siendo una apasionada lectora de historias sobre mundos encantados y criaturas mágicas, y poseedora de una gran imaginación, invoca (sin saber realmente) al rey de los duendes Jareth (David Bowie), personaje “ficticio” de uno de sus libros favoritos titulado “Laberinto”, para que se lleve al bebé lejos de ella. El rey escucha su petición y rapta al niño, escondiéndolo de Sarah. La joven, al darse cuenta del grave error que ha cometido, intenta disuadir a Jareth de que le devuelva a su hermano, pero el rey, siendo muy astuto, le propone un desafío a la ingenua adolescente: deberá atravesar todo el laberinto que rodea su castillo (si es que lo logra) y llegar hasta el salón de su majestad, que es donde mantiene cautivo al niño. Sarah acepta, desconociendo las vicisitudes que le esperan en aquel traicionero lugar, y todas las trampas que deberá sortear en su travesía, encontrándose con duendes, gnomos, hadas y mucho más.

 

 

No quiero arruinarles la “peli” y prefiero dejarles que descubran por ustedes mismos las sorpresas que este largometraje tiene para mostrarnos. Cabe mencionar que, exceptuando las actuaciones de Connelly y Bowie como protagonistas principales y del bebé y los padres como papeles secundarios, todos los personajes del film fueron interpretados por marionetas, tal vez para no recurrir a los efectos visuales de esa época que aún no estaban tan desarrollados como ahora, o quizás para darle una impronta más teatral a la película. Destaco ese detalle por ser un buen recurso al film en la interacción entre los personajes.

 

 

La banda sonora, como no podía ser menos, está a cargo de David Bowie junto a Trevor Jones, compositor musical de otros filmes como: "El último de los Mohicanos" (1992), "Riesgo Total" (1993) y "Un lugar llamado Nothing Hill" (1999), quien realizó los temas instrumentales de la película, algunos de los cuales tuvieron letra y fueron cantados por el propio Bowie, perdurando en el inconsciente colectivo como: “Dance Magic Dance”, “Within You” y “Underground”.

 

 

 

A pesar de poseer una historia sólida, emotivas actuaciones y una sorprendente estética visual (y moral, jeje) en su montaje, Laberinto no fue bien recibida por el público infantil debido a su contenido ambiguo y la complejidad de su trama, aunque por parte del público adolescente y adulto fue muy bien recibida y gracias a ello logró sobrevivir al paso del tiempo y quedarse grabada en nuestras memorias.

 

 

Laberinto, una película que esconde secretos, revelaciones, misterios y sonrisas para todos, sean grandes o chicos.

 


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