Domingo 10/09/2017

LA CORDILLERA

Potencial perdido y metáforas baratas

Por Gabriel López Camín

Esta semana he tenido poco y nada de tiempo para decidir sobre qué voy a escribir así que voy a tratar de chamuyarlos a último momento con un análisis superficial y barato sobre la última película que vi en el cine: “La Cordillera” de Santiago Mitre.

 

Mi primer problema fue decidir qué quería ver. Es decir, de qué calibre era la bala de bosta que me quería meter en el cerebro realmente, porque la cartelera parecía un catálogo de enfermedades venéreas.

 

“Mi villano favorito 3”, no. Tengo MUCHO para putear con respecto a lo que es el universo minion pero no es el momento ni el artículo correcto. “Capitán Calzoncillos”, alias “Dreamworks quiere dinero” tampoco me parecía una buena opción. Entonces, la pelea se redujo a dos luchadores en el ring.

 

De este lado, saliendo después de tratar de ser dirigida por tres personas distintas: “Torre Oscura”, otra adaptación poco fiel a una serie de novelas muy queridas. Por el otro lado “La Cordillera”, con los siempre famosos nombres de Darín y Fonzi haciéndole sustento. 

 

Una rápida visita a los ratings de Rotten Tomatoes (16% para “Torre Oscura” y 40% para “La Cordillera”) decidí que si me iba a suicidar me iba a suicidar en mi propio idioma.

 

Ahora, ustedes pueden pensar “vos estas usando los ratings de una página popular de internet, ¿eso no afecta tu juicio?”, a lo que yo respondo “todas son películas de mierda, y yo necesito un artículo, así que por qué no te concentrás más en arreglar tu propia vida Juan, en vez de criticarme lo que hago, y devolveme los 50 pesos que me debés”.

 

La decisión fue tomada. Yo iba a ver “La Cordillera”. Decidí ir al mall de “La Barraca”, y gastarme la plata en verla en la sala más “deluxe” que tiene. Me podría haber comprado un iPhone 8 pero decidí comprar unos nachos en el cine, que valen lo mismo. Me senté en el sillón mullido (que incluye mesita) y empezó la película.

 

Los créditos empiezan a pasar y veo el primer problema de la película. Christian Slater, ¿qué MIERDA hace Christian Slater en una película con Darín? Automáticamente el estrés postraumático tomó forma, con visiones en blanco y negro de la película “Alone in the Dark”, tan fuerte que casi me meo encima. 

 

Cuando por fin paró el ataque epiléptico, volví a la realidad y me di cuenta que por fin había aparecido Darín en la pantalla, haciendo de presidente de la Argentina (Mauricio Macri). Perdón ¿qué?... ¿no es Macri?... ¿que el personaje se llama Hernán Blanco?... Mmm...

 

Cuando por fin paró el ataque epiléptico volví a la realidad y me di cuenta que por fín había aparecido Darín en la pantalla, haciendo de presidente de la Argentina, Hernán Blanco.

 

Calculo que es tiempo de hablar de...  las actuaciones: Personalmente no tengo de qué quejarme en este departamento. Siempre que me encuentro mirando cine argentino, siento que los actores vomitan las líneas como si estuvieran sacudiéndoles el guion enfrente, pero he llegado a acostumbrarme. 

 

Darín hace un muy buen trabajo representando a nuestro FICTICIO presidente Hernán. Transmite más con la mirada que con el cuerpo y su voz grave hace que termine hipnotizado con cada palabra que dice. Se adapta muy bien a su papel, emanando una especie de dignidad y fortaleza proporcional a su cargo. Solo tengo una cosa que criticarle. El inglés que tiene es horrible. Lo cual solo me hace sospechar que lo hace a propósito porque… bueno… lo voy a discutir más adelante.

 

Érica Rivas aparece poco y nada. Aunque lo que hace lo hace bien. La omnipresente secretaria del presidente está, y aunque está poco, te llevás una impresión profesional pero humana de su trato con Darín. Se preocupa y se nota que se preocupa. Trabaja y se nota que trabaja.

 

Pero el premio se lo lleva Dolores Fonzi. La hija de Hernán Blanco. La que nos va a traer la pequeña esencia sobrenatural de la película. Estresada, cansada, dañada y rota. Su cara y su persona llevan encima una vida complicada y te lo dice con cada movimiento y palabra que le sale de la boca. Pobre, no tiene la culpa de que el guion que lee sea incoherente.

 

Quiero hacer una pequeña mención al personaje del presidente brasileño, el cual ya me olvidé el nombre y no tengo ganas de “googlearlo”, pero está interpretado por alguien llamado Leonardo Franco. Lo pintan como una persona misteriosa, oscura y fuerte. Su actor perfectamente transmite estas características. Pero la trama solo le da lugar a tres apariciones, en las cuales solo habla en dos así que, bueno, mi mención es más larga que su importancia narrativa

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Pero basta de hablar de cosas lindas que me quiero quejar… lo que más me molestó de la película fue: La paradoja dirección/guión y el comentario político: La filmografía de esta película es excelente. La cordillera refleja toda su belleza en sus blancos y los caminos serpenteados de las calles entremedio de las montañas cumplen perfectamente su función de resaltar el aislamiento de la cumbre política.

 

Desde las tomas hasta los colores, la película comienza dando una sensación muy “El Resplandor” de Kubrick, que a su vez se encuentra enmarcada en una trama política. Una combinación interesante.

 

La química entre los actores es buena, los sets son buenos. La iluminación es buena y todo funciona, hasta que la trama muestra su fea cabeza y te das cuenta que lo que estás viendo es un fanfiction de un escritor populista.

“¿Pero qué cosa estás diciendo? ¿Cómo puede ser que una película de trama política tenga comentario político? Sos un ridículo”, dice la gente leyendo esto en un tono que yo me imagino sarcástico.

Si, lo tiene, pero ese no es el problema. A ver, me meto en un territorio medio escabroso acá. No me importa lo que piensen sobre la política argentina. Solamente me remito a mencionar LO MAL expuesto que está el punto de la película. Para empezar, la trama en sí misma es una serie de metáforas pelotudas que no funcionan. A ver, SPOILER ALERT.

 

La idea es que Hernán Blanco vendió su alma al diablo para llegar al poder. La película deja poco lugar a la  interpretación para esto. Literalmente le preguntan en una escena “¿Ya le vendiste tu alma al diablo?” mientras el director se ríe de su propia inteligencia tras la cámara. Pero esto, como todo en la película, no lleva a nada. A NADA. El pasado de él, en donde aparentemente le prendió fuego la casa a un vecino, no lleva a nada. Su relación secreta con una mujer en el hotel no lleva a nada. Nada lleva a nada.

 

Podríamos argumentar que mostrar esas partes de él solo lo hacen más humano pero, ¿sabés que me pareció más humano? Las charlas con su hija. Su enojo con ella y su amor por ella. Y no me refiero a las charlas pedorras semi-sobrenaturales en donde nos tenemos que, supuestamente, poner nerviosos, me refiero a las charlas normales. Con risas y gritos. Eso era suficiente.

 

Hablando también del mambo supernatural que se carga la película. Siento que soy un disco rayado pero… NO. LLEVA. A. NADA. No tiene sentido ni siquiera que esté. Solamente es una línea narrativa más en una película que se está ahogando en líneas narrativas.

 

Y ahora viene la más grande y más boluda metáfora: EE.UU. Dios mío. Las relaciones internacionales son complicadas. Son muy complicadas. Un país hace cosas inmorales e injustas para mantener la superioridad sobre otro. Eso es cierto. Pero a ver si entendemos una cosa. NO HAY PAÍSES MALVADOS. La escala de grises en la política es demasiado grande como para pintar una región de negro. Un país es una conglomeración de valores, de personas y culturas.

 

EE.UU. es Lucifer en la película. Posta. No hay sobre interpretación acá. Es la versión política del diablo. Se da a entender de tantas maneras distintas y es un eje principal para la trama. Blanco, al romper el tratado petrolero al cual asiste para eventualmente beneficiar a EE.UU., es simbólico de la venta de su alma al diablo, ya mencionada anteriormente.

 

Y que Christian Slater sea el embajador de EE.UU. diciendo “sé que nosotros somos los malos” me sacó más risas que el inglés de mierda de Darín haciéndole burla al inglés de Macri.

 

El final abrupto de la película te deja preguntándote si el proyector se rompió o el cine está cerrando. Me tuve que parar del asiento aunque todavía estaba esperando una escena post créditos estilo película de Marvel que me expliquen qué mierda acababa de ver.

 

Bueno, en fin, ya cumplí con lo mínimo y necesario para presentar el artículo a mi editor así que, qué sé yo, les dejo mi recomendación final: no vean esto por favor. Mándenle una carta a Darín diciéndole que si puede le pegue una patada al guionista. Una película sobre complicada al pedo, llena de metáforas al pedo y que no lleva a ningún lado. Pero lo que más me enoja lejos, es que tenía potencial. Al principio estaba legítimamente emocionado. Las escenas que me tenían que poner nervioso me ponían nervioso. Logré tener una conexión emocional con los actores, y la trama política era sorprendentemente interesante. Pero como un ser humano envejece y eventualmente se vuelve fertilizante para las plantas, la filmografía se volvió fertilizante para la trama, dejando un cadáver reseco y lleno de redundancias.


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