Domingo 25/06/2017

El más grande de todos los viajes necesita como guía a un niño con ojos de luz.

 

Se debe partir por los caminos de abril ya ebrios de vida, de amor y de canciones; bajo un cielo azul tinta como la sangre de los poetas y hacerlo de a dos… casi todos pasean de a dos.

 

Los que van solos saldrán al camino sin alegrías y llenos de dudas y sin nadie que les susurre “te amo” a su oído. Irán en búsqueda de las palabras que el príncipe diría a la Srta. Nieves, Blanca y tras unos ojos -que como mapa físico-, les marquen donde nació el amor.

 

Algunos desaparecerán adentrándose en el cañaveral del río. Otros sentirán por primera vez que musitan por primera vez su nombre -y redundo porque quiero- y serán poseídos de una alegría tal, que un exorcismo sería inútil.

 

Yo… por los caminos de abril, creo que ya iré a casa –es hora- y me quedaré muy quieto y toda mi piel expuesta frente a todos ¿Será que la inundación ya me parece tierra firme?

 

Llegaré por ese camino de abril a oler más mis flores, a escuchar mis canciones y canciones de vos y poesías de poetas y de los no y que el amor sea la palabra clave o “prima de clave” como decía Rolando Ángel; a quien se le ocurrió terminar su camino una tardecita en La Pampa.

 

Y aun no tenga tiempo de ver cuando crezcan los robles que planté en los caminos; saber que alguien los disfrutará un día, me colma.

 

Ya no tocaré los pétalos de las flores… torpe estoy, podría dañarlos o macular mínimo su belleza; quiero solo mirarlos y me revolcaré si… en el pasto llorón y trotaré cansino entre los cardos aun me pinche el traste.

 

Olvidaré para siempre las nubes negras... al cabo y al fin -como todo- yo también estoy de paso. Y quien sabe dónde volveré a nacer… quizás en “Samogitia”, Lituania.

 

Destrocé una margarita para saber de mi suerte y el resultado fue: “detén la lágrima” tuviste amores en tu vida ingrato ¡Se justo!

 

Advertencias: En los caminos de abril la flaqueza persigue, te acompañan –aun cuando no quieras- invitados inoportunos; los amantes sostienen el abismo en sus bocas y los buzones que te cruces pueden estar vacíos. Vas a inhalar cosas mezquinas de la tierra y como las bestias –cada tanto- deberás portar crueles anteojeras. Puedo prestarte las mías.

 

De tan cansado que es el camino, se torna borrosa la tropa de afectos y hasta su imagen.

 

Solo si lográs la primavera de una mujer, se te entrecerrarán los párpados de felicidad soñada. ¡Consagrala de flores!, ¡coronala de corales! Y regalale el incienso y la mirra de los mágicos reyes… el oro que se lo queden ellos; mata y envenena, te lo juro.

 

En los caminos de abril aprendí a dar la espalda a lo que quiero evitar; a caminar entre la masa casi indemne.

 

Como “Kunta” salí a buscar madera buena y nunca regresé; quizás mi sangre lo haga 500 años después.

 

Los caminos de abril no son eternos y son duros... pero… ¡como volvería a su principio! y los recorrería palmo a metro, lento, disfrutando lo bueno y lo duro otra vez y ojalá con una mujer consagrada primavera por mí, vestida sensual solo con flores y coronada de corales. 

 

Las tuve y las extravié en esos caminos y cañas.

 

Que bellos son en definitiva los duros caminos de la vida; esos… los caminos de un mes abril.

"Los Caminos de Abril"


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