Martes 24/10/2017

LA CHICA QUE SE ROBÓ LA LUNA

Ilustración: Zhamiska
Ilustración: Zhamiska

Salí de mi departamento. Era una noche de luna llena. Había cenado temprano aquella vez, pero el sueño tardaba en llegar. Por eso decidí salir a caminar. Recorrí el mismo barrio de siempre, las mismas casas, los mismos edificios, las mismas calles. De pronto, a lo lejos, vi la colina donde solía jugar de pequeña. Se encontraba a las afueras del vecindario, cerca de la escuela a la que dejé de asistir cuando me gradué hace 5 años. 

 

Aunque hacía mucho tiempo que dejé de ir a esa colina, mucho antes de terminar la secundaria, me sentí extrañamente atraída por la idea de visitarla una vez más. Ahí estaba, inundada en luz de luna, coronada por el solitario roble que se hallaba en su cima, sobre el cual decidí recostarme por un momento y recordar aquellos lejanos días.

 

Nunca antes me había dado cuenta de lo hermoso que se ve el cielo nocturno desde aquel lugar, lejos del complejo de departamentos donde vivo y aún más alejado de las cegadoras luces de la ciudad.

 

Me quedé contemplando el firmamento durante un largo rato, calculé que ya debía ser pasada la media noche, no me molesté en confirmarlo de forma alguna, no tenía la más mínima intención de irme.

 

- La vista que te pierdes en la jungla de concreto, ¿eh, Maya? – me dije.

 

Comencé a reflexionar sobre los tópicos que solía leer cuando estudiaba astronomía, antes de tener que abandonar la carrera de mis sueños. Temas tales como la enormidad del universo, la infinidad del espacio, los misterios del cosmos. No voy a mentir, me puse nostálgica por un momento. 

 

- Vamos, vuelve a la realidad, ya no eres una niñita, tuviste que dejar los estudios. No fuiste, ni eres, ni serás la última persona con un ajustado presupuesto. – seguí dialogando conmigo misma.

 

Miré fijamente a la luna. La primera interrogante y la primera conquista de la humanidad sobre el desconocido terreno del espacio sideral. Admiré su plateada belleza con recelo. Era la encarnación física del sueño que nunca pude realizar, el encabezar la búsqueda del conocimiento espacial y llegar a descifrar los acertijos que nos plantea el universo.

 

Alcé mi mano abierta, en dirección del satélite eterno de la Tierra, queriendo… no, deseando desde lo más profundo de mi corazón el poder tomarla, tenerla para mí misma, estudiarla, contemplarla, admirarla y ser la única capaz de hacerlo. Anhelaba ser su dueña absoluta.

 

Cerré mis ojos y con total intención de quitarla del cielo, donde había permanecido desde hace millones de años, lo siguiente que cerré fue mi mano.

 

Sentí una figura esférica entre la palma de mi mano y mis dedos. Me sobresalté, la sensación de ese objeto en mi mano fue suficiente para hacer correr sudor frio por mi frente. Bajé mi puño, aun cerrado, lentamente, estaba temblando, mi corazón latía fuertemente, mi respiración se hacía cada vez más pesada. Todas estas sensaciones empeoraron cuando miré al cielo para encontrarme con una noche sin luna.

 

Sentí una fuerte presión en el pecho, ¿acaso se había cumplido mi deseo? ¿Había removido yo aquella enorme roca que orbita el planeta? Estas dudas se respondieron solas cuando extendí mis dedos y mire el objeto que reposaba en mi palma. En efecto, yo había robado la luna.

 

Solté un estrepitoso alarido, y por poco dejo caer esta mini-luna, que debía tener el tamaño de una pelota de golf. La tomé antes de que tocara el suelo y empezara a rodar colina abajo. La sujeté firmemente con ambas manos y la observé de manera fija. A pesar de estar entre mis dedos y de no estar de ninguna forma posible ante la luz del sol, aún conservaba su lado oscuro y su lado luminoso. La mera vista de este fenómeno hizo que me maravillara por un segundo.

 

- Siempre te contemplé desde lejos, y ahora te tengo en mi poder.

 

Sin embargo, este momento de genuino asombro fue muy breve. Lo siguiente que sentí fue un aplastante miedo, seguido de un millar de dudas ¿Cómo iba a solucionar esto? ¿Podía yo solucionarlo? Y si no, ¿quién podría? ¿Cómo le explico a esa persona lo que pasó? Estas preguntas y un sinfín más pasaron por mi mente.

 

Hice todo lo humanamente posible para intentar poner la luna de vuelta en su lugar. Intenté lanzarla lo más alto que pude, pero mientras más alto la lanzaba, más difícil se me hacía atraparla cuando caía. 

 

Traté de colocarla yo misma en el cielo, en ese momento el plan tenía sentido, yo la había bajado con mis propias manos después de todo. El resultado no varió. Incluso subí a la copa del viejo roble para ver si por fin funcionaba mi inútil plan… obviamente no fue así.

 

Comencé a pensar que todo eso era un sueño, así que decidí volver a casa e ir a dormir, seguro todo esto se habría esfumado a la mañana siguiente… pero no fue así.

 

Desperté exaltada, sudando. Revisé el cajón de mi mesita de noche y ahí estaba, justo donde la había dejado, la pequeña luna, el testamento de que lo de anoche había sido real, la prueba indiscutible de que yo era la chica que se robó la luna.

 

Respiré profundo, me calmé y me puse a pensar lo más racionalmente posible. Fue así como me propuse encontrar una solución esa misma mañana de sábado. 

 

Cabe mencionar que el resto del mundo estaba un poquito conmocionado por la repentina desaparición del astro responsable de que la marea devore o no las ciudades costeras. Aunque, aparentemente, los océanos no se vieron afectados en lo absoluto por la ausencia de la luna. Esto no hizo más que confundir a cada experto en el tema habido y por haber.

 

Mentiría si dijera que esto me molestaba, pues era una conmoción lo que yo necesitaba para no alzar sospechas acerca del paradero de la luna y poder investigar sobre qué pudo ocasionar este fenómeno sin que nadie se entrometa.

 

- Puedo ir a la biblioteca de la ciudad y leer todos los libros que hay sobre la luna. Desearía haber conservado alguno de los que usé mientras iba a la universidad. – me dije. 

 

Llegué a la biblioteca y me sumergí en todos libros sobre el espacio y astronomía que pude encontrar. Hice esto durante muchos días, llegaron a pasar semanas, el mundo estaba prácticamente resignado a un mundo sin luna cuando por fin llegué a una conclusión. 

 

- ¡ESTO NO SIRVE DE NADA! – exclamé a todo volumen – Ninguno de los libros me ayudó en lo absoluto ¡No hay explicación científica para este lio! Ni siquiera en las novelas de fantasía pude encontrar algo que me sirva de pista o indicio.

 

- Señorita, sé que está preocupada por la situación, pero por favor, guarde silencio – me regañó la bibliotecaria.

 

- Si tan solo ella supiera, si tan solo todos supieran. Bueno, mejor que no lo sepan, podrían mandarme a la cárcel – pensé. – ¿Bajo qué cargos me encerrarían? ¿Robo agravado de cuerpo celeste? ¿La luna contaba como cuerpo celeste? ¡No lo recuerdo! – divagué.

 

Necesitaba salir de la biblioteca, un respiro de tanta investigación no haría mal. Pero, justo antes de salir por la puerta, bajo el primer estante, vi un pequeño libro, lleno de polvo y carente de título y autor. Nada fuera de lo común, ¿cierto? Los libros a veces se pierden o quedan abandonados por ahí, ¿cierto? No. Pues, al abrir el libro y ver la portada, casi hago que la bibliotecaria venga a solicitarme que haga silencio una vez más. La imagen que ilustraba la portada no era nada más y nada menos que una mano sosteniendo a una luna del mismo tamaño que una pelota de golf.

 

Me llevé el libro a casa, ¿estuvo mal? No parecía ser un libro de la biblioteca, no tenía ningún sello o ficha pegada.

 

Abrí el libro. Pasé la página donde aparecía la foto de la luna tamaño golf. En blanco. Absolutamente cada página del libro en blanco. Lancé el libro contra la pared. Estaba furiosa. Tanto tiempo pase buscando respuestas y cuando por fin encuentro una pista, resulta ser un montón de nada ¡Nada de nada! Ni siquiera me molesté en llevar el libro de vuelta.

 

Creo que es necesario que les dé el reporte de daños que mi pequeño hurto causo. Los gobiernos llamaron a cada científico, astrónomo, adivino y charlatán que pudieron encontrar. Necesitaban urgente una respuesta. Mucha gente se lanzó a formar teorías conspirativas. Se llegó a cuestionar si verdaderamente en algún momento existió la luna y se dijo que había sido un invento creado por los líderes del mundo para controlar a las masas. Todo era verdaderamente un caos. Las calles estaban llenas de afiches de las distintas sociedades y partidos políticos que se formaron a partir del peculiar evento. La gente no parecía hablar de otra cosa. 

 

Pero las noches seguían siendo noches. La marea subía y bajaba conforme a como avanzaba el mes. Lo único que faltaba era la brillante presencia de la luna en el cielo. 

Tanto alboroto comenzaba a molestarme. Ya no necesitaba del desorden, pues había abandonado mi investigación inconclusa. Parecía que todos los caminos que tomaba, eran callejones sin salida. O. al menos hasta ese momento, eso creí.

 

El libro reposaba abierto en el suelo, junto a la pared contra la cual lo había arrojado. Yo estaba recostada en mi cama, con la mini-luna en la mano. Jugaba con ella como si fuese una pelota, la lanzaba hacia arriba y la atrapaba, sin dejar de observarla ni por un segundo. A fin de cuentas, nunca tuve tiempo de estudiarla detenidamente como había deseado ¡Ja! Que cruel ironía. 

 

Me enfade. Me enfade conmigo, con la luna, con la situación, con todo. La arroje hacia el suelo sin importarme donde caería. Aterrizó sobre el libro. El lado luminoso apuntaba hacia el papel. Le di un vistazo. Me caí de la cama al ver que la luz de luna revelaba una escritura sobre las hojas.

 

Corrí hacia donde yacía el libro. Lo tomé con una mano, y con la otra apunte el brillo lunar hacia la portada, donde se leía el título:

 

“¿Así que te has robado la luna? – Una pista para los despistados”

 

Continuará...


Escribir comentario

Comentarios: 0

NOTAS RELACIONADAS

Paerte II