Primavera Nublada

El día comenzó de azul infinito y se tornó a gris nostalgia, dando lugar a ese pequeño pero gran placer de mirar por la ventana cada mínimo detalle acompañado de un café.

 

Tengo unos auriculares a mano, pero no me hacen falta, el silencio se apodera del mundo en ese instante y se convierte en sonido, un sonido que me brinda una paz  inigualable.

 

A veces, cuando logro encontrar momentos así, mi mente empieza a inventar sinónimos de la realidad. Comienza creando viajes mentales que duran largos ratos, referidos al paisaje o a la situación que tengo ante mis ojos.

En un momento, una fría gota golpeó sobre la ventana, miré hacia arriba y un centenar de etéreas gotas continuaron detrás. La lluvia (mi efímera libertad) había comenzado.

 

Si hay algo que amo es la lluvia y si hay algo que amo el doble, es que caiga justo cuando mis viajes han comenzado.

 

La primera gota que cayó, me hizo entender que la realidad misma y la lluvia son muy parecidas ¿Por qué? Ambas son frías, caen para hacernos ver que están ahí y no se pueden evitar, ambas pueden ser livianas o pesadas, y también comparten una libertad: Aprender a bailar bajo la lluvia en vez de quedarse mirando por la ventana esperando a que pase o decidir ahogarse por cada diluvio que caiga… Como en la realidad misma.

 

Es increíble cómo estar unos minutos observando la realidad puede mostrarme esas cosas ocultas, que están pero no las veo o simplemente las evito, mirando a esa realidad de papel que todos te venden.

 

Al final si hay algo que me reconforta, es saber que la lluvia siempre para… para y vuelve a salir el sol. O simplemente para y despeja la noche para poder ver las estrellas.

 

Por ahí, cuando se siente ese olor a lluvia, prefiero sentarme y esperar que caiga, que alimente los suelos secos y me muestre que así como un problema puede ser repentino, las lluvias también, así como una situación puede inundar mi cabeza rompiendo toda barrera, una lluvia también; y así como las cosas comienzan a salir bien y siento que todo va por buen camino, una lluvia también para y da lugar al viento para que se lleve esas nubes negras. 

 

Así pienso que actúa el destino, todo se da por algo, todo viene y se va por alguna razón. Si supiéramos el porqué, tal vez no estaríamos conformes pero confío que todo siempre al final tiene una solución clara y precisa ¿Y si no la tiene? Solo resta seguir, total no aprendimos a bailar bajo la lluvia en vano.

 

Fácil sería tener una respuesta a todo ¿Te imaginás? Un mundo de verdades queriendo ser mentiras. O al revés. 

 

Al fin y al cabo, un cielo celeste o gris, me pueden enseñar bastante, tal vez para otros solo es lluvia o sol pero para mí va más allá de eso, es un mundo nuevo.

 

Luego de haber viajado por un largo rato, el desenlace fue esperado; un sol radiante comenzó filtrando esos pequeños rayos entre las nubes, seguido de su esplendor al nuevo cielo siempre sempiterno. 

 

Una mezcla de melancolía y un inconmensurable olvido se colmó entre las calles y en cada recuerdo por ahí perdido o desechado.

 

Qué lindo sería salir más seguido de esta cajita de cristal que la sociedad nos crea. Salir más, amar más, fijarnos en lo simple y complejo de lo más pequeño, y ser feliz por la inmensidad de la imaginación, ¿Cuántas cosas nos perdemos por no ir más allá de lo que hemos creado? Simplemente nos resignamos a que nada cambiará y así un universo se pierde en nuestro interior.

 

Mientras tanto sigo contemplando el cielo, y la verdad siento que comienzo

a ser feliz. 

 

 

Escribir comentario

Comentarios: 0