Martes 11/07/2017

JUAMPI GONZÁLEZ PRESENTÓ "SOLTERO"

PERSONA

Por Germán Scattareggi

El jueves por la tarde me encontraba, por razones académicas, en uno de los cursos de la Universidad Tecnológica Nacional. Mientras su servidor pretendía ser “tutor de química” se acercó un joven de aspecto triste y cansado, ojos caídos y mirada perdida. 

 

Nos pidió un segundo de nuestro tiempo, a mi compañera de estudios y a mí, para explicarnos que precisaba ocho pesos para poder volver a su casa. Sin darle muchas vueltas al asunto le dimos lo que pedía… a fin de cuentas, ¿qué son ocho pesos hoy en día? Luego, tímidamente, nos preguntó si teníamos algo de comer, pues no había comido nada en toda la tarde.

 

Lo único que pudimos ofrecerle en ese momento fueron unas galletas, las cuales el muchacho acepto muy agradecido. Antes de retirarse, a modo de despedida, le deseé buena suerte, a lo cual me respondió: “La buena suerte no existe, solo existen las buenas personas como ustedes.”

 

Acto seguido el joven se marchó y lo mismo hicimos nosotros. Luego de despedirnos, mi amiga y yo continuamos por nuestros propios caminos. Aún con las palabras de este chico en mente me encaminé hacia mi destino, reflexionando en ellas.

 

Espero no ser el único que, hasta el día de hoy, se consideraba una buena persona. Pero este peculiar encuentro me hizo reflexionar sobre eso ¿Acaso puede uno llamarse “buena persona” tan solo por acudir a uno de los instintos humanos más básicos, como lo es la empatía? Sé que hay gente que no sigue estos instintos y, para no decirlo de otra forma, les importa poco y nada lo que le suceda al prójimo.

 

Por eso creo que no es preciso denominarse “buena persona” cuando uno es simplemente “persona”. Ni bueno ni malo, yo solo actué como un ser humano ordinario.

 

Creo que es tiempo de que nos demos cuenta de lo privados que estamos de este sentimiento, de ponerse en los zapatos del otro y de tratar de ver la vida desde otro punto de vista. Hay que empezar a ver las cosas de otra forma, que los que hacen buenas acciones están actuando como todo ser civilizado debería y no están haciendo algo fuera de la norma, porque la norma debería ser eso, las buenas acciones. Habría que felicitar a aquellos que van más allá y de alguna u otra forma mejoran la situación de los que están  a su alrededor y no a los que ayudan a los demás de la manera más insignificante.

 

Sin embargo, luego de esta rápida reflexión, me di cuenta, al fin, de lo equivocado que estaba. El mundo no funciona así lamentablemente. De ser así, viviríamos en una utopía y eso no podría estar más lejos de la realidad. Y  justamente, es por eso que nos alegran estos pequeños gestos. Compartir un poco de comida, ayudar a alguien en la calle, hacerle compañía a alguien que se siente solo, etc. 

 

Estas son lo que uno celebra como buenas acciones cuando, en realidad, son simples acciones. El efecto que estas producen es lo que las define. Son estos pequeños detalles que pueden marcar una gran diferencia. 

 

En un mundo tan macabro como el nuestro, estos diminutos rayos de luz nos demuestran que no todo está perdido, que aún existen personas, ni buenas ni malas, dispuestas a comportarse como tal. Y son solo eso, nada más, y nada menos. Sencillamente personas. 


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