PRECISIÓN

Soy un hombre precavido. Muchos me han acusado falsamente de paranoico, pero no creo que sea así. Uno lee rostros, interpreta gestos y descubre miradas. Al final termino descubriendo que una simple cara, una tierna sonrisa o un parpadeo, esconden intenciones macabras. Me obsesiono permanentemente con tal idea, y me quedo en la plaza, aparentando inocencia con migas de pan en mis pies para alimentar a las palomas; una costumbre vieja y solitaria en mí. El gran don que me ha sido brindado, y que luego perfeccioné, me ha alejado de la sociedad y me ha separado de mis amigos. He descubierto malas intenciones hacia mí en cada uno de ellos y me he alejado hasta convertirme en un ermitaño. Pero esta cuestión poco me interesa, pues aquellas personas no tenían buenas intenciones...

 

Así me quedo yo, sentado, mirando lo que a muchos les parece imperceptible, lo encuentro, a unos metros de mí una pareja de adolescentes sentados sobre una manta en el pasto... están discutiendo. El rostro del chico delata y me indica que la relación está terminando. Un poco más lejos, al lado de la fuente veo un muchacho que observa la cartera de aquella chica. Se la va a robar. Pero me llama poderosamente la atención la actitud de un pibe que a lo lejos se encuentra parado con las manos detrás de su cuerpo. Algo oculta, y mira cómplicemente a otras personas. Las miradas no me gustan nada, lentamente comienzan a acercarse a la muchacha, ¡van a secuestrarla!

 

Por fin tengo la oportunidad golpeando a mi puerta, tantos años de intromisión y de rigurosos análisis dan sus frutos.  Es mi momento.

 

Uno piensa cómo las circunstancias a veces son un poco injustas y tiránicas. Me gustaría que en este momento estuvieran aquí todos aquellos pseudo-psiquiatras que intentaron internarme, y me dieron todo tipo de diagnósticos y medicamentos inútiles. Pero no importa, estoy seguro que mi acción me llevará a la portada de algún diario prestigioso.

 

Salgo disparado como un rayo, mientras busco en la corrida a mi fiel y cómplice amigo de  ocasiones, mi querido gas pimienta. Me acerco velozmente y rocío a mansalva el poderoso aerosol sobre los ojos de los atacantes. He evitado la tragedia, soy un héroe. Me doy vuelta para recibir los elogios de la dama que salvé, pero solo recibo puñetazos en mi rostro e insultos a mi espíritu. Lentamente comprendo la escena: una sorpresa a la nueva egresada de la facultad que está en la esquina. Veo los huevos rotos que el muchacho ocultaba y varios paquetes de harina q tenían los demás compañeros. Me siento como un imbécil, un idiota, un pelotudo. En definitiva, como todos los calificativos que recibo en la plaza.

 

Me alejo del lugar en silencio y arrastrando los pies. Solo levanto la mirada, veo a una pareja de adolescentes besándose apasionadamente sobre una manta en el pasto, veo una chica con una cartera sentada en la fuente. Veo a un muchacho que no deja de mirarla… pero no les presto demasiada atención... no los he visto antes...


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