Julio Cortázar

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Instrucciones para dar cuerda al reloj

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

 

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

 

Entonces, ¿Pactamos? 

 

París, Francia, 11 de abril de 2013

 

Victoria:

 

      En estos días me he enterado que has conseguido lo que querías, ser directora artística de una revista. Felicitaciones.

 

Es gracioso, pero necesito pedirte un favor. Te comento más o menos la situación. Tengo una amiga que se llama Eva Zamporlini, la Pochi, y es escritora o por lo menos yo la veo como tal. Vive en una finca en tus pagos, fue profesora de letras y ahora disfruta su jubilación participando en talleres literarios, pero mi humilde opinión es que debería darlos. Cada vez que he leído la magia de sus versos he quedado impresionado (que no es poca cosa). Bueno, volviendo al favor, quería saber si existe la posibilidad de que puedas acomodar en alguna sección uno o unos poemas de ella.

 

Con esta carta te adjunto tres poemas para mí maravillosos, antes de tomar alguna decisión leelos, Vicky te prometo que te vas a emocionar.

 

Con aprecio.

 

Julio

 

P.D.: Desde ya, muchas gracias. Y felicitaciones de nuevo.

 

Eva "Pochi" Zamporlini

Paraíso y pecado

Eva soy.

Nuevo para mí

el mundo a estrenar.

Nuevo el cielo, el agua, el horizonte,

el árbol tachonado

de frutos olorosos.

 

¿Con quién , pregunto,

compartir este silencio,

gota a gota

beber el agua fresca,

contemplar los soles que ardorosos cantan

y entibian mi piel ?

 

Mi voz no emite más  sonidos.

Sobran mis labios

si no hay dónde posarlos.

Quiero que  mi corazón

estalle de una vez.

 

Creo que ahora que lo veo

podré saborear con él una manzana

y compartir la sombra bienhechora.

De aquí saldremos tomados de la mano,

no importa ya si a salvo

o condenados.

Transformación en Verde

Verde,

en pequeñas matas

asomando su porfiada sencillez.

 

Verde,

en osados ramos

trepando su celeste añoranza.

 

Ya quedó atrás

la mullida verde alfombra

que acallaba mis pasos vacilantes.

 

Hoy me acoge

un suelo pedregoso,

desierto que en verde esperanzado

se empeña en avanzar

gritando su sombra placentera

en alineadas presencias de alamedas,

en recreos de pinos, cuyos frutos

brindan sonajeras piñas amarronadas.

 

Verde,

hoy entiendo tu clamor,

perseverante esfuerzo,

que quita tu mordaza

para expandir tu fuerza

en libertad.


Celebración de Vida

Celebro la unión de amor

De la que nace vida,

Esperanza que renace cada día

 

Celebro el anuncio de la aurora,

El haz de luz, la miel y la fragancia

Y celebro el manto de la noche,

La hiel, el llanto y su sabor salado

Que corroe el alma hecha pedazos.

La herida sana y todo se despeja,

Sobre la oscuridad se apoya la mañana.

 

Cada día somos distintos, renovados

Incógnitas de lo que viviremos.

 

Celebro el campo, la montaña pedregosa,

La arena que volátil enceguece mis pupilas

Y es alfombra de seda que me ofrece

Apoyo donde hundir mis pies cansados.

 

Eso somos, ni más ni menos

Una esperanza cada día.

 

Celebro cada vida, irrepetible,

Todos somos parte de este mundo osado.

 

Reconforta saber que hoy he vivido

Recordar el ayer con desparpajo,

El futuro ignorado y bendito me sorprenda

Con su cara cambiante, intempestiva.

 

Celebración de vida, ¡qué dichoso!

Quien pueda declamar:

Renazco y me prolongo

Y el horizonte se ensancha cada día.


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