Lunes 04/06/2018

SUJETO TÁCITO

Luego de arduos años de investigación, un grupo de científicos de la zona cuyana del territorio argentino logró desarrollar un tratamiento capaz de recibir, amplificar y descodificar las ondas emitidas por el cerebro humano. En otras palabras, hallaron la forma de que una persona fuera capaz de leer la mente de otra. 

 

Este tratamiento consistía en un entrenamiento específico para desarrollar al máximo la capacidad cerebral y, luego, modificar ciertas partes del cerebro para ampliar las señales de onda que este emite. El sexto sujeto de pruebas, cuya identidad no puede ser revelada por cuestiones legales, alias Denis, fue la primera persona que logró pasar todas las pruebas de inteligencia de unas seiscientas personas y la única persona entre cien que poseía un sistema nervioso compatible con los microdispositivos creados por los científicos. 

 

Lamentablemente, unos días después del exitoso descubrimiento, el laboratorio donde se llevaba a cabo la investigación fue clausurado debido a los continuos ajustes del Estado. Esta medida, junto a otros ajustes a los que se venían realizando llevó a cancelar el proyecto. 

 

Sin los mantenimientos adecuados, el artefacto en su cerebro causó una obstrucción que resultó en un derrame cerebral. Denis sobrevivió pero quedó con inexorables problemas de motricidad y un severo caso de afasia. Mientras estaba internado se dio cuenta de que su capacidad de captar y codificar las ondas cerebrales no se había visto afectada. Por las noches escuchaba la voz de la señora que se quedaba con él para cuidarlo, quien leía en silencio. Empezaba escuchando en su mente una voz digna de locución que iba variando de masculina a femenina. Luego, la narración “oral” se transformaba en una imagen distorsionada de lo relatado como si estuviera viendo un sueño ajeno.

 

Mantuvo sin mucho esfuerzo su capacidad en el anonimato y, como requería mucho esfuerzo y provocaba migrañas, trataba de mantenerse al margen. Al tiempo, Denis fue dado de alta y poco tiempo después fue recibido con los brazos abiertos en un hogar comedor de la iglesia para jóvenes discapacitados.

 

Sus días en el hogar eran pacíficos y monótonos. Recibía el mejor trato que se le podía dar a un discapacitado en la actual sociedad argentina. Denis se aburría pero a algunos pacientes les ayudaba. A veces llevaban a los pacientes a misa. Denis se aburría pero a algunos pacientes les ayudaba. 

 

A Denis le gustaba leer los libros del hogar, a pesar de que requería ayuda para pasar las páginas y evitar romper los delicados y antiquísimos libros. El gusto por la lectura lo había adquirido en sus días de entrenamientos. Una vez leídos todos los libros que albergaba el hogar, cosa que le llevó a Denis muy poco tiempo, aceptaron llevarlo a una pequeña biblioteca de barrio que quedaba cerca. La biblioteca se convirtió en su lugar favorito, tan así, que incluso concurría a ella sin acompañante la mayor parte del tiempo.

 

A veces, Denis prefería ir sin acompañante. Lo dejaban en una mesa y él se concentraba en las ondas cerebrales de una persona mientras esta leía. Denis se conectaba con sus pensamientos. 

 

De esta manera pudo encontrar una forma de compartir algo con los demás, aunque los otros no se dieran cuenta de ello. Ir a la biblioteca era casi una forma de ir a conversar con alguien. La vida no era tan mala de esa forma. Una vez, tomando mate con los celadores como solía hacer en la tarde, estos le preguntaron por qué le gustaba tanto ir a la biblioteca si ni siquiera leía. A los pocos días, Denis les dio un papel con letras casi ilegibles. Tuvieron que preguntarle a alguien del personal pero finalmente entendieron lo que quería decir, aunque no comprendieron del todo su significado: 

 

“Las bibliotecas son ruidosas”.


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